Esta mañana se han vivido momentos de tensión y desconcierto en el centro de delfinoterapia de Playa Meloneras, en Gran Canaria, cuando uno de los delfines ha devuelto a la orilla de forma violenta a tres de los niños autistas con los que hacía terapia. “No les ha hecho daño pero se ha alejado despotricando, como diciendo que está hasta los huevos de los críos y de la madre que los parió”, explica Marylia Samos, responsable del centro. 

Aunque sus cuidadores consideran que no es más que un incidente puntual, la Asociación de Personas Autistas Paco’s exige que el delfín sea apartado del centro indefinidamente para no correr riesgos ni “echar por tierra todo el trabajo que se ha venido haciendo con los niños”. Marylia Samos, por su parte, pide que “se comprenda que trabajar con críos puede cargar a cualquiera” e insinúa que el animal podría haber sufrido “algún tipo de provocación”.

“Esta asociación no tolerará la culpabilización de las víctimas y mucho menos que se diga que Alfonsito, que padece autismo severo, las mata callando”, ha declarado Yosu Idauro, portavoz de la asociación de autistas. Tampoco descarta tomar acciones legales contra el centro de delfinoterapia “por injurias”. Marylia Samos insiste en que “el hecho de que Alfonsito empiece a comportarse como un pequeño hijoputa y susurre cosas al delfín creyendo que no nos damos cuenta indica que la terapia va por buen camino. Y no pasa nada por decir que un niño provoca porque es lo que hacen los críos a esa edad y en su caso, insisto, es muy buena señal”.

El cruce de acusaciones entre el centro y la asociación se ha intensificado a lo largo de la mañana convirtiendo un mero incidente en una polémica de gran alcance mediático. “Lo que hay que hacer es sacrificar a este delfín por peligroso y mostrar un poco más de empatía con los niños, que están bien de milagro”, sentencia Idauro. Marylia Samos replica que “hay tantos motivos para sacrificar al delfín como para sacrificar a Alfonsito”.

Dolores Parmalat, portavoz en España de la protectora de animales PETA, pide calma y propone un encuentro a solas entre los niños y el animal “para que arreglen sus diferencias como adultos”. También ha defendido a Rosendo Pereira, el delfín en cuestión, recordando que “los delfines no han venido al mundo para bailar y hacer de enfermeras. Yo pensaba que esto lo hacían actores disfrazados pero este incidente pone de manifiesto una situación complicada en la que chocan los intereses del hombre y la libertad de los cetáceos”.