Bruno J., atracador profesional con 20 años de experiencia, asaltó el pasado viernes una sucursal de ING Direct en Lleida y salió de ella habiendo firmado una hipoteca a 30 años. “Me liaron”, reconoce el delincuente, a quien los responsables de la entidad aseguraron que no tenían efectivo por culpa de la crisis pero que podían llegar a un acuerdo para que se saliera con la suya. “Yo venía con mi pasamontañas, mi pistola y mi saco de tela, como he hecho siempre y con bastante éxito, porque no soy de los que inventan y creo en el oficio”, explica Bruno J. Sin embargo, la habilidad comercial de los responsables de la oficina logró que se sentara a negociar. “Me agobiaron con su palabrería, hablándome de intereses y depósitos. Dijeron que mi situación financiera era inestable y que ellos no querían que me pasara nada malo. Me asusté”, añade.

“Se aprovecharon de la escasa formación del delincuente, le intimidaron hablándole de desahucios y se comprometieron a entregarle todo el dinero que pedía en cómodos plazos a cambio de que él aceptara unas condiciones abusivas. Quizá mi cliente no tenía derecho a pedir el dinero, pero el banco tampoco tenía derecho a dárselo en estas condiciones”, argumenta el abogado del atracador, que intentará pedir una rebaja de la hipoteca “por buena conducta”.

“He tenido que empeñar la pistola”, lamenta Bruno J., que no quiere volver al banco para arreglar las cosas “porque cuando pienso en ese sitio revivo todo lo ocurrido”. Los responsables de ING Direct quitan hierro al asunto y aseguran que el delincuente se ha beneficiado de una comisión de apertura del 0,50% y de un interés variable que se va adaptando a la evolución del mercado. “No ha firmado nada excepcional. Es su caso y cada día el de más gente”.