La crisis económica empieza a incidir en el comportamiento de los animales que habitan zonas urbanas. Esta es la conclusión a la que han llegado varios biólogos al analizar el caso de una paloma común que ha entrado esta mañana en una panadería del centro de Madrid y, aguardando su turno, ha solicitado pan rallado a través del lenguaje corporal. “Al principio hemos intentado echarla del local pero, como estaba tan tranquila y su actitud era tan señorial, nos ha dado pena. Además, un cliente es un cliente”, reconoce una de las dependientas.

Mientras esperaba en la cola, la paloma escuchaba las conversaciones de otros clientes y observaba con atención los productos del mostrador. “Cuando le ha tocado a ella ha empezado a hacer ruidos guturales. Le hemos enseñado varias barras de pan pero al final ha tomado con el pico una bolsa de pan rallado. Ahora ya sabemos lo que le gusta”, explica la dependienta. Los especialistas creen que la intención de la paloma era saltarse intermediarios. “La gente que da de comer a las palomas en los parques escatima cada vez más y ellas lo notan”, sentencia un experto.

Muchos de los aficionados a dar de comer a las palomas reconocen que, con la crisis, las dosis de migas de pan son más escasas que en años de bonanza. “Todos notamos los recortes y ellas están por debajo en la cadena alimentaria”, argumenta una anciana que, desde hace seis meses, ha reducido un 30% la cantidad diaria de pan suministrado, “justo hasta el mínimo recomendado por la Unión Europea”. Ante esta coyuntura, las palomas habrían decidido tomar las riendas de la situación y acudir directamente a los proveedores. “Es una actitud desleal que sorprende viniendo de palomas domésticas, pero la desesperación lleva a estas situaciones. Quienes deben actuar con responsabilidad son justamente los dueños de las panaderías”, explican fuentes del Ministerio de Industria.

Cambios en el modelo de negocio

El modelo de suministro de comida para las palomas urbanas podría cambiar radicalmente si el caso de esta paloma madrileña se convierte en tendencia. “Ocurrió con la música y las discográficas aún siguen luchando para mantener su papel de intermediarias”, insisten fuentes del Gobierno. Numerosos ciudadanos que suministran pan a las palomas se están planteando asociarse para defender su modelo. “La gente tiene que entender que, si nosotros no estuviéramos, las panaderías se llenarían de palomas. Nosotros procuramos que la distribución de comida sea equilibrada y equitativa. Evitamos que las palomas más gordas discriminen a las delgadas”, argumenta Joaquín Ledesma, portavoz de “Restos de Pan Ledesma & Asociados”. La protectora de animales PETA, a través de su portavoz Dolores Parmalat, critica el paternalismo de los suministradores de migas y defiende el derecho de las palomas comunes a luchar contra el capitalismo salvaje. “Por suerte, este país dejó atrás las cartillas de racionamiento. La crisis no es excusa para recortar derechos fundamentales”, sentencia Parmalat, quien anima a las palomas “a cagarse libremente en los recortes”.