Diego Twose, portavoz de Vodafone en España, presentó ayer por la tarde a los medios de comunicación las nuevas tarifas y ofertas de la marca de telefonía para estas Navidades. Durante su explicación, Twose intentó mantener una actitud jovial y positiva pero su gesto se tornó amargo cuando un periodista pidió detalles sobre las cláusulas de permanencia asociadas a algunas promociones. El portavoz aludió “al clima de extrema competencia en el que nos encontramos” y que, según él, “justifica… toda esta puta mierda”. Fue entonces cuando no pudo reprimir el llanto, que más tarde atribuyó a la presión que implica “tratar de ofrecer lo mejor a nuestros clientes en plena crisis”. Pese a las justificaciones, los periodistas percibieron “a un hombre que se estaba derrumbando psicológicamente como si acabara de confesar un crimen horrible”, en palabras de un testimonio.

Diego Twose se disculpó por no haber sido capaz de contener sus emociones y abandonó la sala golpeándose el pecho con su propio teléfono móvil mientras susurraba “yo también pago estas tarifas, no les hago nada que no me hagan a mí”. Luego apareció una azafata que repartió bombones y presentó “una nueva aplicación para disfrutar de la mejor televisión en tu móvil”.

“Me dio tanta pena que hasta pensé en pasarme a Vodafone. Luego recordé que Movistar me tiene bien agarrado por los cojones con la cláusula esa de los dieciocho meses”, reconoce otro periodista. Algunos, sin embargo, se negaron a empatizar con el portavoz de la compañía al enterarse de que su sueldo supera los seis mil euros mensuales.

Lo último en marketing es lograr que la marca dé pena

Son muchos los expertos en marketing y publicidad que certifican la revalorización de la pena como estrategia de venta. “Las grandes marcas se esfuerzan ahora para comunicar que son tan desgraciadas como tú y como yo. Ya se han visto rumanos ofreciendo tarjetas prepago en el metro de París. Todo esto llegará aquí. Y no es tan nuevo: ves a Jesucristo crucificado y piensas: ¡Pobre tío! ¡Que alguien le invite a una caña!”, explica el publicista Andrés Baumer.