El caso de Lucas, el hombre que hace una semana se declaraba “en estado de buena esperanza”, sigue atrayendo la atención de los medios. Su presunto embarazo, que avanza a una velocidad fuera de lo común, hace que su pareja no pueda despegarse de él ni un segundo. “Intento que no levante cosas pesadas y atiendo sus caprichos. Casi cada noche se despierta pidiendo gasoil y yo tengo que salir en bata a la gasolinera más cercana con un cazo. Luego lo huele y se duerme. En fin, un percal”, explica Ester, su compañera sentimental.

Según fuentes del Ministerio de Sanidad, Lucas no es el único español que sufre un embarazo psicológico. “Desde hace unas semanas, se han descrito casos en varios puntos de la geografía española”, explica un experto, que no descarta que se está “al borde de una epidemia”. El hecho de que los embarazos masculinos hayan coincidido con el lanzamiento del nuevo Opel Astra GTC hace pensar que ambos eventos están relacionados. “He visto fotos del coche y nos parecemos mucho”, apunta Lucas.

El hombre ha descubierto recientemente en Internet a toda una comunidad de embarazados que asisten a clases de preparación del parto. “Me siento arropado porque ahora sé que no soy el único y hablo con otros como yo, intercambiamos impresiones y nos damos consejos”, explica Lucas. Junto a otros españoles en su misma situación, Lucas acude cada semana a cursos de formación “para cuando venga la criatura”. Las clases tienen lugar en un concesionario oficial del barrio, donde un comercial con bigote adelanta algunos trucos y les anima a cogerse de las manos “para conectar emocionalmente con lo que llevan en su interior”.

Familiares y amigos les regalan tarjetas de felicitación.

Ester acompañó a Lucas la semana pasada a una de esas clases y aprendió en qué consisten: los hombres se sientan sobre colchonetas situando a la derecha a su pareja mientras hacen “brum, brum” con la boca, reproduciendo el sonido de un motor, y aprenden a respirar y a relajarse. “Pero no hacen el ruido de un coche cualquiera, sino del nuevo Astra GTC, que es el que se supone que están esperando todos. Y claro, aprender a hacer el ruido de un motor en concreto es complicado, pero en general está todo el mundo muy ilusionado, hablando del futuro”, explica la mujer. “Suelen despedir las sesiones viendo fotos de los futuros coches y abrazándose todos. Es muy emocional”. La semana que viene aprenderán a poner polvos de talco en los neumáticos del automóvil.

A Lucas por ahora lo único que le preocupa es si estará a tiempo de poder construir el “cochecito gigante en el que pasear al GTC por los parques” y en seguir entrenando los lumbares para, cuando lo tenga, poder llevarlo en brazos. Ester, por su parte, confía en que “el bicho” sea rojo y con los faros azules “y claritos como los de un ángel”, aunque reconoce que “lo que tenga que ser, será” y ya se ve metiendo al coche en la cama entre los dos “al menos las primeras noches, para que se sienta a gusto”.