El conjunto parece un bosque de colores alojado en una ducha. Son los casi trescientos botes de champú que una madre ha encontrado en la ducha del piso de su hija. María, de 32 años, lleva escasos meses viviendo sola en su piso y desde entonces no ha dejado de acumular botes y botes de gel y champús que ha ido dejando en su ducha, hasta el punto de que lo tiene difícil para entrar en la misma. La madre de María se presentó en su casa después de que unos vecinos la alertaran reiteradamente debido a los irrespirables y a la vez revitalizantes olores a “melocotón, avena y esencias herbales” que emanaban del piso de la chica.

“En la escalera olía muchísimo a pelo limpio”, comenta un testimonio. “A veces llegaba a casa sintiéndome muy femenina y con muchas ganas de pasar un rato a solas en la ducha, no sé si me entiende”. Segun el vecino, llamaron a los bomberos en repetidas ocasiones pero éstos no acudieron. Finalmente, pudieron ponerse en contacto con la madre de la chica, que dispone de las llaves del inmueble “y que es quien ha descubierto todo el pastel”.

Dentro del piso el olor les condujo hasta el baño, donde encontraron la heterogénea colección de botes de champú, la mayoría de ellos vacíos. “Detrás de uno de los montones de ‘Herbal Essence Liso Seductor’ hallaron a Daniel, el novio de María, quien estaba buscando un bote con algo de jabón para poder darse una ducha.

“El baño de mi novia es como los pájaros de Hitchcock pero con botes de champú”

“Intentaré introducir agua en uno de ellos y luego iré pasando el agua de uno a otro, recogiendo todos los reductos. Podría funcionar… Hice lo mismo con unos botes de tomate en la nevera y los macarrones me quedaron estupendos”, explica. “Le he dicho mil veces a María lo de los botes de champú, pero la verdad es que yo hago lo mismo con los rollos de papel higiénico: antes de terminar uno abro el siguiente porque me gusta nadar en la abundancia”.

Pese al aparente apoyo que presta a su compañera, Daniel no tarda en reconocer que hace dos semanas estuvo aislado durante tres días porque se le cayeron encima todos los tarros de crema de manos de su chica: “Ella estaba fuera de casa y yo me quedé atrapado bajo toda aquella crema. Me vi obligado a alimentarme de Nivea hasta que ella llegó a casa y me sacó de allí. Se me ha quedado una voz demasiado melosa y no puedo saborear la comida porque me resbala rapidísimo hacia el estómago”.