Aunque sea de día, el castillo está rodeado de insondables tinieblas.
El castillo -de corte medieval y con tintes templarios- lo han construido las niñas sin ayuda externa y consideran que lo justo es que se lo queden, alegando que “apenas estorba” en el jardín del palacio presidencial. “Laura tiene tal disgusto que lleva más de dos días encerrada en la capilla oscura sin salir, sin más compañía que unas efígies de Satán talladas en basalto”, se queja Alba Rodríguez, que ha atendido a los medios junto a la muralla almenada y vestida con una túnica oscura. Un lacayo jorobado y mudo la ayudó a distribuir dosieres de prensa donde se especifican los datos técnicos de la edificación.

Tras atender a los periodistas, la chica ha ofrecido un breve recorrido por las dependencias del castillo acompañada por su madre Sonsoles. “Es increíble lo que han hecho las niñas aquí, yo creo que este castillo oscuro y terrorífico es todo un símbolo de lo que ha avanzado España en estos años”, ha explicado la esposa del presidente en la barcaza que ha permitido a la prensa acceder al portón del castillo. “El puente levadizo aún no está construido. Por seguridad”, se ha excusado Alba.

“Nosotras solo queríamos hacer un castillo infinitamente horrible, lleno de pasadizos oscuros y con altos techos rasos donde la mirada hallara únicamente telarañas y sombras. ¿Acaso es mucho pedir?”, se queja la joven. “Piedras odiosamente húmedas y un pequeño zarzal lleno de esqueletos como jardín, eso era lo único que queríamos… Tampoco es que se nos hubiera pasado por la cabeza sacrificar a personas ni nada de eso, jopeta”.

Según las muchachas, el hecho de que su padre vaya a abandonar La Moncloa no compromete únicamente la integridad del castillo -que siempre podría trasladarse- sino todos los planes y actividades que tenían previsto realizar en el mismo. “Llevamos más de tres años entrenando a un pequeño ejército de murciélagos que se dedicarían a extender el terror por todo el reino haciendo que España sucumbiera al fin a la oscuridad y abrazara a los señores de la noche”, se lamenta Alba con gesto sombrío. “Y, claro, abandonar todos esos proyectos es una faena, ¿que no?”.