Tras cerrar un contrato que proporcionará varios millones de euros a la multinacional para la que trabaja, Javier Castillejo se encerró en la habitación del hotel en el que se alojaba durante su viaje de negocios y se metió en el jacuzzi para sentir, durante un fugaz instante, “que la puerta de la felicidad se abre desde dentro y que no sirve de nada que tú la empujes”. En ese momento, se dijo, hubiera dado cualquier cosa con tal de recibir una de esas llamadas de teléfono que suele ignorar.
“En el fondo, sólo soy un soñador que espera ser feliz tras conseguir una comisión de medio millón de euros. No pido más”, explica. “Y en ese jacuzzi, pese a toda la relajación y al inmenso placer que supone saberte el rey del mundo, por un instante sentí que todo aquello era fútil. Me vi desnudo, en medio de aquella habitación tan enorme”. El hombre no puede borrar de su mente la fotografía de una cala solitaria que decoraba el baño: “Sentí que aquello era el interior de mi cabeza, pero sin toda esa arena y tal”.
En ese instante -vivido exactamente a las 23:15, aunque a él le pareció eterno- Castillejo pensó que el hotel estaba lleno de otros hombres como él. “Hombres de negocios la mayoría, lejos de sus familias… Lo damos todo durante el día pero por la noche somos tristes mortales acostumbrándonos a envejecer”, explica al otro lado del teléfono. “La noche borra los oficios en un mundo habitado solamente por hombres y mujeres, confidentes de una amarga soledad. Yo en mi jacuzzi y en mi suite y los demás en sus pisos patera… todos somos iguales”.
El empresario, de hecho, reconoce que al sentirse tan solo en el mundo estuvo a punto de llamar a su mujer. “Me la imaginé en casa, con los niños. Era una imagen tan dulce, tan suave… casi hubiera querido estar allí con ellos”, admite. Sin embargo, todos sus pensamientos negativos se desvanecieron en cuanto sonó el timbre y se levantó para recibir, desnudo y tropezando con todos los muebles, a la prostituta de lujo que había solicitado un rato antes por teléfono.
Javier, soy el que te estaba llamando al móvil. Suerte que me dio por decirle a la tuya que, después de acabar conmigo, te hiciese una visita a tu cuarto, que ya me estaba preocupando…
Es que en esas circunstancias, se pasa miedo.
Majestuoso final, si.
Soledad, divino tesoro.
Este país dónde solo se valora la holgazanería y el perroflautismo, lleva a grandes hombres de negocio a la zozobra emocional y a la duda existencial. No véis, pedazo de andrajosos, que si sucumben a la molicie los hombres como Javier, España se va al garete en dos días. ¿Quién da de comer sinó a la legión de prostitutas que inundan las páginas de nuestros rotativos? ¿Quién proporciona trabajos basura a nuestros jóvenes? Si, señores, habéis perdido un salvador.
En este hombre desolado he visto el futuro de Alvarito Bosch.
“La noche borra los oficios en un mundo habitado solamente por hombres y mujeres, confidentes de una amarga soledad…”
Esta claro que Javier Castillejo es un ejecutivo con alma. No se cuanto cobra, pero es poco…
soy hombre de negocios habéis perdido un inversor
Y aparte de la soledad, que pueda paliar la puta de lujo que solicites; no hay mayor sensación mística y espiritual que, una vez sumergido en el borboteo con sales tonificantes del jacuzzi…relajarte y soltar los esfínteres y…¡¡Hala!! una buena meada.
No existe comisión de multinacional alguna, que pueda compararse.
Kike eres un poeta. Por un momento he olvidado que se trataba de una noticia tonta en un diario graciosete y me he sumergido en unas frases verdaderamente bellas con ganas de leer más. Llámame cursi, me da igual, tenía que decirlo.
te has puesto poeta, habeis perdido un escritor.
Pues yo me he deprimido mucho con la noticia… hasta que leí lo de la prostituta.
Soy la mujer de Javier,
habéis perdido una lectora