Un gran estruendo ha sacudido esta mañana la calle Claudio Coello de Madrid a la altura del número 104. Aunque al principio todo indicaba que se había producido una explosión de gas, pronto se ha podido comprobar que la causa del ruido ha sido la caída en vertical de un Dodge Dart 3700 GT, el mismo en el que viajaba el almirante Luis Carrero Blanco la mañana del 20 de diciembre de 1973, cuando sufrió el brutal atentado de la banda terrorista ETA.

“Los informes policiales de entonces concluían que la explosión generada por los cien kilos de Goma 2 había elevado el automóvil ‘hacia lo alto, en dirección a Nuestro Señor’ y daban por hecho el fallecimiento del mandatario”, explica un portavoz de la Guardia Civil. Hoy se ha podido deducir, finalmente, que desde el momento de la detonación hace 38 años el Dodge Dart del almirante había estado trazando una parábola en el aire que ha culminado hoy con el impacto del coche contra el patio interior de un edificio de 4 plantas muy cercano al lugar de la explosión. “La crónica del fin del franquismo ha llegado hoy con violencia a su punto final” ha certificado el portavoz del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba.

La inesperada caída del coche oficial no se ha cobrado víctimas ni heridos, aunque ha provocado numerosos desperfectos en la zona. Asimismo, la autopsia de Carrero Blanco ha revelado que el entonces presidente del Gobierno de España murió “en el aire y de viejo”, según establece el equipo forense. La fecha concreta del deceso no podrá establecerse hasta que se realice un examen pormenorizado.

Aunque el acontecimiento ha permitido zanjar de una vez por todas las dudas suscitadas tras el atentado, también ha reabierto heridas situando en el centro de la actualidad una de las etapas más duras y convulsas de la Historia de España. “Todo esto demuestra que tenía razón Walter Benjamin: la Historia no es un relato lineal, en cualquier momento puede regresar el pasado como el hombre ese del anuncio que siempre vuelve a casa por Navidad. De hecho, es una pena que el coche del almirante no volviera en diciembre. La metáfora habría sido perfecta”, argumenta el historiador alemán Hans Vilt 456’handerbergen.