Sofía dice sentirse satisfecha. Esta exuberante mujer de 54 años se ha pasado las últimas dos décadas de su vida de bar en bar, buscando a una persona a golpe de escote: a Jack’s. Después de todo este tiempo, y una vez había renunciado a encontrarle, se topó con él en la cola del Mercadona. “Lo reconocí al instante, aunque ha envejecido un poco y también ha engordado”, reconoce. Admite, sin embargo, que ella también ha ganado unos kilitos, “así que estamos en paz”.

El encuentro, según me explican ambos en el salón de la casa de Sofía ante unos canalones precocinados, fue un poco frío. “Yo siempre lo planeé con más pasión, más fogoso, de hacerlo en cualquier sitio, que me poseyera contra una pared a embestidas… Pero claro, en un súper… Y que una ya tiene una edad. Y que él, lo ves y tampoco te pondrías a hacer chiribitas, no sé si me explico…”, explica la mujer. Luego me pide perdón por los canelones precocinados, “pero cuando una se pasa toda su vida buscando a un hombre no tiene tiempo de aprender a cocinar”. Jack’s está detrás suyo, callado, mirando la televisión en silencio. Viste un chándal y, aunque acaba de cumplir 57 años, parece mucho mayor.

Sofía conocía a Jacks de oídas y a través de una foto, “era el amigo de una amiga”. Y decidió buscarlo a toda costa, perdidamente enamorada por lo que le habían explicado. “Yo qué sé… me enamoré de un ideal. Lo que todo hombre debía ser: varonil pero sensible, rudo pero con corazón, y un gran amante… Un hombre seguro de sí mismo, de entre treinta y cuarenta años, con trabajo fijo pero que lucha por sus ideales, urbano y de clase media. Algo muy de anuncio de colonias… Luego te das cuenta de que lo que hay es lo que hay”, dice Sofía mientras se abrocha y desabrocha la chaqueta de cuero enseñando unos pechos no tan turgentes como antaño. “Lo de la cremallera es un tic, se me ha quedado y no puedo dejar de hacerlo. Apenas puedo usar la mano derecha para otra cosa”, explica mientras intenta comer torpemente con la izquierda.

Buscaba un poco de sexo, no una relación

Tras el encuentro, se intercambiaron los teléfonos y, después de algunas llamadas, acordaron que “lo normal”, tras tantos años de búsqueda, era irse a vivir juntos. Jack’s abandonó a su familia y se trasladó al pequeño piso de Sofía. “Echo de menos a mi mujer”, se limita a decir Jack’s mientras se hurga la nariz. Ella resopla y vuelve a la cocina a por más canelones precocinados. “Yo no quería una relación estable. Buscaba un poco de sexo a la vieja usanza. Algo muy pasional, a pelo. Algo que nos dejara el corazón destrozado a los dos pero con la ilusión de saber que has vivido al límite”, explica la entrevistada. Pero admite que, aunque ya llevan juntos seis meses, todavía no han “intimado”: “No digo que me sienta un poco defraudada con él, no es eso. Pero si pudiera dar marcha atrás lo haría”.

“A veces venían hombres diciendo ser Jack’s para aprovecharse de mí. Pasaban una temporada conmigo y luego se iban. Es normal porque estaba de muy buen ver. Con los años empezó a ser menos frecuente. Ahora hace ya diez años que no estoy con nadie. Bueno, ahora estoy con Jack’s al fin. Estoy que no quepo en mí”, dice con los ojos brillantes . Jack’s vuelve a decir que echa de menos a su mujer y hace ademán de levantarse para irse. Tira la bandeja de canelones al suelo. Mira a su alrededor y vuelve a sentarse con un soplido.

Domicilio de la entrevistada.

– Canelones preocinados.

Total: cortesía de la entrevistada.