Desde esta misma mañana, la sede madrileña de Telefónica de España ha dejado de ser el edificio situado en la calle Gran Vía. Ahora, las oficinas de la empresa se encuentran en otro local ubicado en Pozuelo cuya dirección exacta no ha sido facilitada a los medios “por prudencia”.

El motivo del traslado no es otro que Andrés Viñuesa, empleado de Telefónica desde el año 1985. “El señor Viñuesa lleva años dedicándose a entorpecer el trabajo de los demás y a crear conflictos. Desde que intentó reunirse sin éxito con el presidente de la compañía para presentarle una nueva alternativa al teléfono, está resentido y su presencia aquí no aporta nada”, reconoce un portavoz de la empresa. Como la indemnización que Telefónica debería pagar al empleado en caso de despedirle es demasiado alta, se ha optado por darle esquinazo con la complicidad de todos los trabajadores.

Hace unas horas, Andrés Viñuesa ha sido visto frente a la antigua sede de Telefónica claramente desorientado. “No para de gritar el nombre de su compañero de oficina, Paco Hernández, pidiéndole que le abra la puerta con el interfono”, explica el portavoz. La compañía espera que el empleado se canse de insistir y regrese a su domicilio para olvidarse de sus obligaciones laborales. Como Viñuesa nunca se interesó por la vida personal de ninguno de sus compañeros, no dispone de teléfonos a los que llamar para pedir explicaciones.

En la nueva sede de la empresa se celebra en estos momentos la ausencia del trabajador, que nunca se había ausentado y ni siquiera había pedido vacaciones “porque en casa tampoco le aguantaban”, explica un testimonio. Pese a que el nuevo edificio es mucho más pequeño que el anterior, nadie se ha quejado y la necesidad de compartir escritorios y de hacer colas de media hora para ir al baño se consideran “un mal menor al lado del coñazo de Viñuesa”.