Elena Ferrer tardó ayer casi 17 minutos en sentarse en el sofá y taparse con una vieja manta que suele usar en invierno para calentarse viendo la televisión. Durante esos minutos se aseguró de que ninguna parte de su cuerpo, especialmente los pies, quedara a la intemperie. De hecho, tuvo que levantarse y volverse a sentar varias veces para remeter bien la manta bajo su propio cuerpo, pues tras los primeros intentos podía sentir una pequeña corriente de aire en la zona lumbar que finalmente tuvo que tapar con un cojín. Una vez logró acomodarse en un estado óptimo, se dispuso a encender el televisor y comprobó que, muy a su pesar, el mando a distancia estaba a casi dos metros de ella, inalcanzable desde su posición.
Durante unos minutos, Elena estuvo valorando si merecía la pena abandonar el refugio del sofá para enfrentarse al frío y volver con el mando a distancia, pero el devenir de sus reflexiones la sumió en un estado de duermevela que culminó, finalmente, en una pequeña siesta involuntaria. “Fue pan para hoy y hambre para mañana porque, al despertarme de la siesta, el problema seguía sin solucionarse y lo primero que vi al abrir los ojos fue el mando del televisor”, explica. “Intenté convencer al perro para que fuera a buscarlo, pero él estaba en su camastro, también tapado con una manta, y no me hizo demasiado caso. Así que me volví a dormir”.
Tras dos horas de cabezadas sucesivas, Elena decidió levantarse a por el mando del televisor enroscando la manta alrededor de sí misma como si se tratase de un batín, pero tropezó con uno de sus extremos y cayó al suelo. “Al final acabé arrastrándome por el suelo como si fuera un pequeño gusano, pero pude coger el mando y regresar al sofá”, declara. “Lo malo es que, con el movimiento, me entró una especie de borrasca fría por las piernas y sentí unas ganas terribles de orinar”.
Cuando Marisa -la compañera de piso de Elena- llegó a casa, se encontró a ésta rogándole que le alcanzara una botella de cerveza vacía “para una cosa que tenía que hacer”. Marisa, sin embargo, se temió lo peor y, para obligar a Elena a levantarse, tiró de la manta. “Fue horrible, allí debajo había de todo: kleenex usados, el portátil, el mando del televisor, una bolsa de patatas vacía, tarros de yogur, cucharillas sucias… Estaba hasta el perro. Eso sí fue tirar de la manta y no lo de Wikileaks…”, confiesa.
Finalmente, y tras ir al baño a orinar, Elena se decidió a encender la calefacción.
Real como la vida misma. Que manera de reflejar fielmente ese momento!!
ostras… os habéis dejado el momento en que mueves la pierna para que el mando venga hacia ti deslizándose por la manta y dicho dispositivo decide (unilateralmente) iniciar una maniobra de evasión, precipitándose al firme suelo y (como no) haciendo un ruido de tres pares de c…
La vida es dura a veces
yo tb me he arrastrado por el suelo !!
Qué fuerte…17 minutos para tarpase.. pero con qué se estaba tanpando?? con una servilleta?
Eso es porque no tenía la BATAMANTA!!!
Esa es una de esas experiencias que te marcan para toda tu vida…
MUCHAS RISAS!!!!
yo no me arrastro, yo me enrollo y uso la propia manta a modo de zapatillas como si fuera un saco, a saltos también funciona, pero se desmadeja con fencuencia y si tienes perro es mala idea.
Que sería de la vida sin estás pequeñas anecdotas.
Real como la vida misma
mmm…peligrosamente sospechoso a este grupo de facebook:
http://www.facebook.com/pages/5-min-tapandome-con-la-manta-y-me-dejo-el-mando-encima-de-la-mesadiosss/314832060148.
pobre… no conoce la batamanta
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