Jacinto Marqués, madrileño de 42 años, se quedó en el paro justo después de divorciarse y, en general, hace mucho que siente que ha perdido las riendas de su vida. “En ocasiones me despierto sudando y sólo puedo pensar en el vacío”, explica. Motivado por ciertos mensajes publicitarios, Jacinto encontró oportuno acercarse a unos grandes almacenes a redecorar su vida. Acabó comprando una estantería de color haya que tardó quince días en montar. Hoy hemos comido con él.

“Uno empieza ordenando sus cosas y termina ordenando sus ideas y tomando el control. Y luego ya vienen las mujeres, el trabajo… vamos, eso creía”, explica Jacinto mientras me sirve un bocadillo de aceitunas que tenemos que comernos de pie. Así que, hace dos semanas, se acercó a IKEA con la mayor sensación de optimismo que ha tenido en mucho tiempo. “Iba a ser espectacular. Mi casa está hecha un desastre pero creía que la estantería de color haya le daría un nuevo aire. Algo moderno y de diseño. ‘¡Un nuevo Jacinto está en la ciudad!’, pensé”. Jacinto, de hecho, había llegado a creer que disponer de la estantería le ayudaría a dejar de beber.

Una semana más tarde, el entrevistado no sólo seguía teniendo su casa igual de desordenada, sino que estuvo durmiendo en el sofá porque puso encima de su cama la caja de la estantería, sin siquiera haber encontrado el momento para montarla. “Fue una decepción desde el primer día. Tuve que cargar esa dichosa caja a pulso en el metro y en el bus y al llegar a casa me sentía más desgraciado de lo habitual”, explica. “No me vi con fuerzas de montarla. Tenía miedo a fracasar otra vez. Y encima en algo en lo que me jugaba mi futuro”.

He redecorado mi vida pero sigue siendo una mierda

A día de hoy, dos semanas después de haberla comprado, Jacinto ha conseguido montar las paredes de la estantería aunque ésta no termina de calzar bien y su aspecto es bastante desangelado. “Sólo he puesto una balda porque no necesito más. Espero poder vender las que me sobran en Internet y recuperar parte de la inversión. De hecho, cuento con ese dinero para pasar el mes”, explica. Para asegurarse de que las baldas que le sobran no se estropean, las tiene puestas sobre el sofá, por lo que toda la entrevista la mantenemos de pie, deambulando mientras nos terminamos el bocadillo. “Lo cierto es que desde que tengo la estantería bebo más que antes porque veo la balda muy vacía y espero poder llenarla de botellas de alcohol para que no se vea tan triste y patética. Las cosas que tengo por el suelo, en fin, no soy capaz de ordenarlas. Me recuerdan a mi ex. Todo está lleno de recuerdos suyos”.

Jacinto me explica que pasa sus horas muertas navegando por Internet y mirando en Facebook fotos de su ex mujer. Recientemente ha descubierto que ésta acaba de alquilar un loft y que lo ha amueblado con el mismo modelo de estantería que él compró. “Así que cada vez que la miro pienso en ella y en lo bien que le va y en lo bonita que le queda a ella la misma estantería… Yo, como no tengo sitio, he tenido que ponerla justo delante de la única ventana que tengo”.

Domicilio de Jacinto Marqués.

– Dos bocadillos de aceitunas.
– Coca-Cola Light.
– Café solo.

Total: cortesía del entrevistado.