La célebre mosca cojonera, cuya frenética actividad había logrado acabar con la paciencia de millones de personas en todo el mundo, ha muerto esta misma mañana al ingerir un excremento en mal estado. El deceso del insecto ha sido recibido con alivio en numerosos puntos del planeta aunque también se le ha reconocido al animal su enorme capacidad para llamar la atención de la gente.

“Desestabilizó gobiernos enteros, acabó con matrimonios que se encontraban al borde de la ruptura y consiguió que, en su intento por detenerla, miles de personas se abofetearan la propia cara”, ha declarado el Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon. La mosca cojonera demostró, según Ki-Moon, que en un entorno dominado por la acción humana es posible conseguir lo que uno se propone aunque se esté en inferioridad de condiciones. “Era el Gandhi de las moscas, aunque un Gandhi malo. Era como Gandhi pero quitándole el buen rollo. Bueno, no sé, quizá no era como Gandhi”, ha añadido el Secretario General.

Con un método mucho más agresivo y directo que el de la célebre mosquita muerta, la mosca cojonera empezó su andadura provocando simples altercados en rebaños de vacas. Cuando su solvencia en este sector era ya indiscutible, se atrevió a dar el salto a la especie humana acabando con la paciencia de los niños y, finalmente, adentrándose también en el ámbito de los adultos. Aunque su fama fue un tanto eclipsada por la acción del marketing telefónico, las canciones de Jarabe de Palo y, más recientemente, por el estruendo de las vuvuzelas, la mosca cojonera logró formar parte de la cultura popular e inspirar el comportamiento de miles de personas insoportables.

Dolores Parmalat, portavoz en España de la protectora de animales PETA, ha emplazado a todos los españoles a mantener un minuto de ruido insufrible en honor al animal “cuya pérdida, desgraciadamente, podrá ser reparada por cualquier imbécil”.