Benjamín Modorro acudió el pasado martes a las Urgencias del Hospital Virgen de la Apretura por unas molestias en el costado. Los servicios médicos detectaron una perforación en la bolsa del embuste y tuvieron que extirparle la mentira. La medida de urgencia ha afectado a sus relaciones sociales: “La gorda de mi mujer dice que no me quiere y el imbécil de mi jefe me ha echado porque le dije que el gilipollas de su socio se estaba tirando a la puta de su mujer”, nos cuenta mientras se le encharcan los ojos.

Mientras engulle “esta puta mierda de comida hospitalaria que me ha servido la típica enfermera sudamericana”, el entrevistado explica que las primeras molestias las sintió mientras celebraba la comunión de su sobrino Borja. “En un principio pensé que era por el menú, ya que comí sólo dos platos de cordero frío y seco, una fuente de merluza, que tenía toda la pinta de ser congelada, rellena de gambas, y un sorbete de limón avinagrao”. Pero lo que parecía una indigestión en realidad pasó a ser un caso médicamente insólito. Benjamín Modorro tuvo que ser operado a susto o muerte por los servicios médicos del hospital, que finalmente se vieron obligados a amputarle la mentira.

“Tuvimos que abrir a ciegas”, cuenta el doctor Sintron Nison, “y una vez abrimos los ojos nos dimos cuenta de que tenía la bolsa del embuste perforada, así que hubo que extirparle la mentira urgentemente porque si no se podría quedar más tonto de por vida. Podríamos decir que la operación fue un éxito, pero al anestesista se le quedó el móvil dentro. Eso no es grave, pese a todo, porque lo tenía en silencio”.

Aunque Benjamín se recupera bien físicamente, no se puede decir lo mismo de su situación anímica, ya que sus relaciones sociales se han visto deterioradas desde que le fue extirpada la mentira de cuajo. “La gorda de mi mujer dice que no me quiere y el imbécil de mi jefe me ha echado porque le dije que el gilipollas de su socio se estaba tirando a la puta de su mujer”, nos cuenta mientras se le encharcan los ojos. Aunque luego aclara, ya que no puede fingir, que realmente las lágrimas se deben a una conjuntivitis mal curada.

Ahora la única esperanza de Benjamín es la donación. “Ya estoy metido en lista, y lo bueno es que estoy sólo yo porque soy el único al que han operado de esta mierda. Espero que alguien me done algo de su patraña y tú, con el cuerpo ese que tienes de gordo sudoroso, ya podrías darme algo, cabrón. Y aparta, por cierto, que me das calor”, exclama mientras nos echa de su habitación “porque después de comer siempre me hago una paja”.

Hospital Virgen de la Apretura. Habitación 102.

– Sopa de fideos que sabe a truño.
– Merluza que da asco.
– Yogur que se comerá tu tía la del pueblo.

Total: cortesía del entrevistado.