Pepe Fostias viajaba ayer por la tarde en un tren en dirección a Tres Cantos cuando se percató de que una chica le miraba fijamente desde el asiento contiguo. “Me estaba escudriñando sin reparos y me di cuenta de que le gustaba. Ella también me atrajo desde el primer momento, sentí que éramos como dos imanes y ella sintió lo mismo porque lo noté perfectamente”, asegura Fostias. Los dos viajeros aguantaron la mirada durante el resto del trayecto y, tal y como corroboran algunos testigos, la muchacha llegó a esbozar una tímida sonrisa. “Aquella joven quería guerra, nadie mira fijamente a la gente si no busca algo”, declara uno de los pasajeros.

Pepe Fostias tuvo tiempo de imaginar los detalles del inminente encuentro amoroso que aquella mirada intensa presagiaba. “En la estación de Tres Cantos hay varios hoteles, yo ya me había montado la película”, reconoce. Sin embargo, al llegar a la parada, él se levantó y abandonó el vagón pero la chica no le siguió y acabó truncando las expectativas que ella misma había generado.

Al darse cuenta de lo ocurrido, tanto Pepe Fostias como los más de quince viajeros que habían seguido el cruce de miradas expresaron su rotunda indignación. “Fue una agresión desde el silencio. No puedes tratar así a las personas, es un acto de incivismo tan condenable como escupir o poner los pies encima del asiento. Y más grave aún porque estamos hablando de sentimientos”, declaraba esta misma mañana el portavoz de Renfe, Matías Romeo, quien reconocía también la dificultad de prevenir este tipo de actitudes. “No podemos prohibir que la gente se mire y sería muy triste tener que separar a los pasajeros por sexos”, admite.

En el tren, fueron muchos los que se levantaron y reprendieron a la joven, que hizo caso omiso de las protestas y optó por escuchar música a todo volumen con los cascos de su teléfono móvil. “La gente le gritó de todo, cosas como ‘guarra’ o ‘mujer’. Se pasaron un poco, pero es que cuando ves esas agresiones se te revuelve el estómago. Fue totalmente gratuito lo que hizo”, sentencia otro testimonio que accionó la palanca de emergencia del vagón “para que la echaran del tren y no pudiera volver a las andadas con otra víctima desprevenida”.

Finalmente, la chica abandonó el vagón por su propio pie cuando el tren paró en la estación de Colmenar Viejo. Los agentes de seguridad no pudieron llegar a tiempo para pedirle explicaciones pero las cámaras sí registraron el rostro de la joven. La Policía ha prometido que investigará el asunto pero Pepe Fostias asegura que no interpondrá ninguna denuncia contra la agresora “porque la condenada me sigue gustando”.

No es la primera vez que se produce un altercado de este tipo en un tren de Cercanías. El pasado mes de abril, un señor le preguntó a una chica si tenía hora y ella respondió que sí y luego se quedó callada.