Los Pérez-Reina llevan varios días conviviendo con un puñado de marines en su pequeño domicilio de Vitoria. Las fuerzas estadounidenses fueron enviadas por el presidente Barack Obama con la intención de restaurar la democracia en la residencia de la familia. El gobernante recibió una carta enviada por los hijos del matrimonio, que reclamaban la cooperación internacional en vistas a echar abajo “la tiranía” a la que se veían sometidos. Según ellos, sus padres acostumbran a mostrar una actitud poco flexible y son demasiado estrictos cuando se trata de dejarles salir con los amigos o de ver la televisión. Los afectados denuncian, asimismo, un reparto desigual de la riqueza.

Obama ha hecho un llamamiento por una revolución democrática en la casa, empezando por la libre elección de un nuevo jefe de la familia. Los seguidores de la madre -ella misma y la única hija de la pareja- se encuentran dispersos por el domicilio, atacando en vano a los marines mediante indirectas y miradas de desaprobación.

“Yo lo único que quiero es terminar el trabajo y volver a casa. Espero que esto no dure mucho porque se nos ha acabado el tabaco y sólo comemos mierda liofilizada mientras que las fuerzas locales se zampan unos potajes que huelen a gloria”, se queja el capitán McTavish. “Esta misión es un despropósito. Por mí, volvamos a casa y que se maten entre ellos”, añade.

Todo parece indicar que Jaime, el hijo mayor de los Pérez-Reina, será erigido nuevo líder. “Es carismático, ha demostrado liderazgo y disciplina cuando ha tenido que cuidar de sus hermanos y además cuenta con el apoyo del otro hijo de la familia”, comentaba un artículo de The New York Times el pasado jueves. Se cree que podría entenderse con Washington, dado que es el único miembro del clan familiar que sabe algo de inglés. “Le pagas los cursos de idiomas y así te lo devuelve”, se lamentaba su progenitora.

Muchos temen que el régimen que puede imponer el hijo mayor esté demasiado centrado en los videojuegos y en el “salir hasta tarde”. El padre se encuentra solo y sin apoyos en su carrera hacia el poder, aunque puede conseguir alianzas gracias a que controla el mando del televisor y es un líder a tener en cuenta. Pese a ello, los hijos de la familia creen que su tiranía forma parte del pasado y que, a día de hoy, carece de apoyos suficientes.

A pesar de las discrepancias internas, la familia en bloque se queja de la excesiva presencia de las tropas estadounidenses. “Hay que pedir permiso para todo, controlan la nevera y encima hay que cocinar para ellos porque digo yo que algo tienen que comer”, se lamenta la madre. Washington asegura que se trata de una misión de paz, pero los Pérez-Reina ven a las tropas como una fuerza opresora. De hecho, buscando una foto simbólica para la prensa de su país (similar a la del levantamiento de la bandera en la toma de Iwo-Jima o a la del derribo de la estatua de Hussein en Irak) los marines desgarraron hace dos días varios álbumes familiares y demolieron las figuras de la tarta de novios que el matrimonio guardaba como recuerdo desde hacía más de veinte años.

Dados los antecedentes históricos de los Estados Unidos, muchos dudan que la Administración de Obama permita a los Pérez-Reina escoger su propio gobierno. En 1982, la CIA orquestó la derrocación de doña Angustias, que tenía sometidos a sus hijos a una dieta excesivamente rica en sepia (debido a una generosa oferta de un supermercado cercano). Pese a los logros, en vez de otorgar el poder a su marido, los americanos situaron como jefe de la familia a un alto mando de la CIA, que estuvo manejando las cuentas y las compras del hogar hasta finales de 1993. Varias empresas se lucraron durante aquella etapa con tupperwares de comida casera cocinada por doña Angustias. De hecho, el mismo Ronald Reagan recibía semanalmente un paquete con una docena de croquetas.