Al saberse descubierto, Hereu carraspeó, se anudó la corbata y dijo que estaba comprobando “la capacidad del edificio para soportar desastres naturales y monstruos de gran tamaño a lo Cloverfield”. Luego atendió a los concejales y convocó una rueda de prensa. “Lo hizo para disimular ante nosotros, la excusa de que estaba ‘investigando’ se le fue de las manos”, comenta la misma fuente.

“Hemos hecho algunas pruebas y se hace evidente que el orfanato, tal y como se plantea, no aguantaría las pisadas de un reptil de gran tamaño como Godzilla. Creo que la ciudadanía, y especialmente esos pobres, pobres niños, merecen un edificio que pueda protegerles del mundo, que como todos sabemos es hostil”, comentó el alcalde a los periodistas. Posteriormente, pidió la dimisión de su concejal de Urbanismo y obras públicas.

Pese a los esfuerzos de Jordi Hereu, la oposición no ha tardado en hacer públicos los rumores y aprovecharlos. “Esto es lo que Barcelona representa para Hereu, un campo de juegos donde dar rienda suelta a sus delirios de grandeza”, comentó Xavier Trías. Luego, para explicarse mejor, cogió un muñeco que representaba a Hereu y le pegó una paliza con varios monigotes de lucha libre mientras exclamaba “Puchuf, puchuf” y “¡Puño infernal!”. La prensa en bloque abandonó la sala mientras él seguía haciendo ruidos con la boca y lanzaba los muñecos por los aires.