Benedicto XVI se encuentra estos días en Chipre, donde ha acudido para saludar al presidente del país, Dimitris Christofias, y de paso comprobar si es más alto que él. La cuestión fue planteada por primera vez en 2006, cuando el Pontífice pronunció un discurso en la Universidad de Ratisbona (Alemania). Christofias tuvo acceso a una de las fotografías del evento y comentó que el Papa no podía ser mucho más alto que él y que incluso cabía la posibilidad de que fuera más bajito. El apunte circuló entre los periodistas y llegó al mismísimo Benedicto XVI, que se prestó a valorar la cuestión “dentro de los márgenes del respeto y apelando a la sana curiosidad”.

Ayer, finalmente, ambos pudieron verse las caras y, ya en el aeropuerto, tanto ellos mismos como la prensa que acudió al encuentro certificaron que Su Santidad supera en altura al mandatario chipriota “aunque no por mucho”, en palabras de éste.

Pese a que el asunto quedó zanjado rápida y contundentemente, Dimitris Christofias no dejó de mirar de soslayo a su invitado y, según fuentes cercanas al mandatario, hizo algún que otro comentario acerca del calzado de Su Santidad y, en concreto, del grosor de la suela de sus sandalias. Se dice también que el Papa se refirió al peinado de Christofias como a “un audaz y efectivo juego de volúmenes que compensa globalmente las carencias del conjunto”.

Esta mañana, la página web del Vaticano publicaba una nota en la que se habla del “Altísimo representante de la Iglesia Católica” que “ha bajado a las tierras chipriotas para mantener una pequeña charla con Christofias”. La prensa de Chipre contraataca certificando que “todos deben arrodillarse para hablar cara a cara con Su Santidad”.