“Era una vergüenza acudir a citas importantes como el G-20 o a reuniones en Washington teniendo que acarrear la dichosa mantita”, explica una fuente anónima muy cercana a La Moncloa. Al parecer, varios policías de élite escoltaban el maletín donde el presidente guardaba la manta. Otros jefes de Estado llegaron a preguntarse qué guardaba Zapatero en tan preciado maletín, esperando que fuera algún complejo dispositivo bélico o un ordenador con los datos de todos los españoles. “Y entonces Zapatero, con aire ceremonioso, abría la maletita y enseñaba la manta a Sarkozy, Obama o a quien fuera. Les hacía tocar la tela, que está toda roñosa, para que comprobaran su suavidad y calidez”, comenta la misma fuente.

El repentino cambio de rumbo de Zapatero esperanza a muchos diputados del PSOE, que creen que ahora que su líder empieza a verse a sí mismo como una persona madura es posible que se decida a llevar a cabo una política más adulta, valiente y decidida. Otros sospechan, sin embargo, que el presidente centrará su obsesión infantil en el señor Bafles, un pequeño perrito de peluche con el que conversa sobre política exterior. Se trata de un hábito cercano al de otros mandatarios como por ejemplo Dimitris Christofias, presidente de Chipre, quien reconoció el pasado mes de febrero que le gusta firmar las leyes y tratados sentado en su vieja trona.