
Antón López consiguió descolocar a todos sus amigos durante la cena de ayer. Al parecer, y según confirmaron incluso algunos camareros, Antón aseguró no tener hambre durante el primer plato y, ya en el segundo, dijo no poder más y dejó intacto un rodaballo al vapor. Pese a ello, dio un giro inesperado a la cena hacia el final de la misma. “Vino el camarero, empezamos todos a pedir los cafés y él, en vez de pedir un poleo menta o algo así, tuvo el cuajo de atreverse con el combinado de chocolate con nata”, se queja una de sus amigas.
La indignación de los compañeros de Antón reside no sólo en que fingiera estar lleno cuando no lo estaba, sino en que indujo a los demás a no tomar postre cuando él sí pensaba hacerlo. “Y eso en una cena pagada a escote es alta traición”, se queja Ángel Ceperio, compañero de Antón. “Yo siempre me preocupo por saber qué van a tomar los otros y así luego pido algo que tenga más o menos el mismo precio. Antón ha demostrado que no es de fiar”.
Además, Antón López no dejó de decir cosas como “está de muerte” o “qué bien entra” mientras se comía el combinado de chocolate. “Nosotros le mirábamos y bebíamos nuestro café en silencio. No se dignó ni a ofrecer un poquito. Definitivamente, no pienso avisarle si volvemos a quedar”, añade otro de los comensales.
Antón no entiende el rencor de sus amigos. Cree que es perfectamente natural “no dar más de sí” y luego pedir postre, “porque hay personas que tenemos un departamento especial en nuestro estómago para los postres que no se puede llenar con el resto de la comida”. Según él, se trata de un hecho “científico y comprobado”, comparable a la capacidad de algunos hombres de estar muertos de sueño “y sin embargo estar abiertos a propuestas sexuales”.
oh dios!!!! qué buena!!! jajaja
que incomprendido. no comio casi nada en el primero y segundo!! es que nadie lo ve!!!
Yo lo que veo es que Antón es un hipócrita.
Soy compañero de mesa en ese grupo y los demás tampoco se libran, porque Vazquez que había pedido coles de bruselas de primero, tampoco las tocó.
Y quien creéis que se tuvo qeu zampar las coles y el rodaballo? El menda. Y todo porque uno es bueno y no puede soportar que sobre comida. Y no se trata de que paguemos entre todos, es por una postura ecológica que tengo.
Y peor es lo de Maruchi que nunca deja nada en el plato y después pide un taper para llevarle las sobras de los demás su perro cuando todos sabemos que su perro es un chihuahua de catorce años que no come mas que arroz de ese roto…
Y no me voy a callar lo de Fede que siempre convence a su novia para que pida lo mas caro de la carta y para el una sopa castellana…
Y no voy a seguir, porque menudo grupito el de los domingos… No os podéis imaginar cuando vamos de picnic y cada uno aporta un plato frio de esos de cocina familiar…
… comparable a la capacidad de algunos hombres de estar muertos de sueño “y sin embargo estar abiertos a propuestas sexuales”…
Jajaja tremendo! (y cierto xD)
ese tío es un cabrón. a los amigos no se les puede engañar así.
Yo estoy con Antón. El no obligó a nadie a punta de pistola a hacer nada. Simplemente cambia de opinión. E incluso en algo tan normal como es lo del postre, todos sabemos que, o como dice él, hay un apartado, o hay un segundo estómago dedicado exclusivamente a este plato.
Esto último sí que es verdad. Yo conozco a un tío que se quedó dormido de pie en el metro en hora punta y llegó a final de trayecto agarrado a la barra del techo, y cuando un caco le metió la mano en el bolsillo del pantalón para ver si llevaba algo de pasta se despertó de golpe susurrando “ay, cariño, qué bien que tienes ganas…”. El caco intentó aprovecharse de la situación y fingió voz femenina y todo para seguirle hurgando los pantalones, pero ya no coló.
Yo he llegado a ver casos semejantes y que han llegado a comer frutos secos con el cubata post-comida. Vergonzoso señores.
jajaja, suele pasar
Como la vida misma.
Un clásico. La arpia de mi suegra utiliza esta vil estrategia con estudiadas variantes. En la última, cuando con un hilillo de voz dijo “ya no puedo más” hasta ponía cara como de mareada, y luego pidió dos tocinos de cielo, un chupito de pale cream y unos beberechos (ella es así) “para ver si me pasa”. Es indignante.
Este hombre es un peligro. Como llegue a ser padrino en una boda es capaz de hacer callar a todo el mundo en el momento del brindis y luego aprovechar el silencio creado para que se le oiga mejor aliviar sus gases intestinales.
Antón es un tío contradictorio, inmaduro, nunca sabes de que va.
A mi me revienta.