Pese a la pereza que le daba tener que madrugar, ayer Maite tenÃa ganas de volver al trabajo sólo para saludar a sus compañeros de oficina, a los que ha echado mucho de menos durante una baja médica de dos meses. Éstos la esperaron con una gran caja de bombones. “Me dieron la caja y yo fui a guardarla en una bolsa para compartirla con mi familia. Pero estaba todo el mundo mirando y sonriendo y me sentà obligada a abrirla. Pensé que serÃa sólo un trámite lo de ofrecer bombones, pero apenas quedó uno para mÃ. ¿Por qué no se compraron otra caja para ellos?”, se pregunta indignada Maite.
“Yo ya vi que nos ofreció bombones con la boca pequeña”, comenta una de sus compañeras. “Me pareció de muy mala educación su falta de sinceridad, asà que cogà cinco”. Maite tuvo que presenciar, entre sorprendida e impotente, cómo desaparecÃan uno a uno los bombones que le habÃan regalado. “Lo vivà como si fueran pedazos de mà misma y los devoraran entre todos con sonrisas y haciendo comentarios graciosos sobre la operación bikini”.
“Es lo normal, te regalan bombones y los compartes como en una gran fiesta de concordia y chocolate. Pero en su caso podÃas ver de reojo cómo nos miraba mal y carraspeaba cada vez que nos acercábamos a su mesa a coger uno”, explica otro testimonio del acontecimiento.
Fue inútil el intento por parte de Maite de dejar la caja abierta encima de su mesa -y no junto a la cafetera, como suele ser costumbre en la oficina- y tampoco sirvió decir “los pongo aquà por si alguien no puede aguantar la tentación, aunque ya sabéis lo mucho que engordan”.
Al acabar el dÃa, Maite sólo pudo llevarse a casa un último bombón de licor. “Incluso una chica, no sé si a modo de recochineo o qué, dijo que lo dejara ahà para la señora de la limpieza, que también tiene derecho. ¿Derecho a qué? ¿A robarme?”, se queja la afectada. “Ahora sé con qué clase de personas trabajo. Me parece muy fuerte que regalen algo para luego comérselo ellos, no quiero ni pensar qué harÃan si les diera por donar órganos”.
¿Y el Ministerio de Trabajo dónde está? ¿No tiene nada que decir al respecto? Lamentable la actitud del señor Corbacho, volviendo la espalda antes casos como el de Maite.
“Me pareció de muy mala educación su falta de sinceridad, asà que cogà cinco†– Brutal
Este es uno de esos fallos de protocolo imperdonables que habrÃa que corregir. ¿Por qué diantres se considera de buena educación preguntar “a alguien le apetece…” cuando nos disponemos a disfrutar de algo? Lo único que estamos haciendo es el ridÃculo, porque siempre hay un listillo que se apunta a la cervecita, a la tapita…y si te descuidas hasta se acuestan con tu novia.
eso es verdad me regalaron una caja de bombones y se lo comieron ellos
jaja xD
De buena me libro por tener la dentadura delicada, por no caer enfermo y por no tener compañeros de trabajo (soy mendigo autónomo)…….Y la tal Maite……..Una egoÃsta de mierda……¿¿Que querÃa, llevarse la caja (regalada) enterita para su familia??……….Un poquito de mano dura está haciendo falta……….¡¡Dos (2) buenas óstias la daba yo!!……
Maite (la afectada): “Ahora sé con qué clase de personas trabajo. Me parece muy fuerte que regalen algo para luego comérselo ellos, no quiero ni pensar qué harÃan si les diera por donar órganosâ€
No puedo poner la mano en el fuego, pero lo que sé es que esas cosas encebolladas ganan mucho…
Mi solidaridad con Maite. ¡A mà también me pasó!
Es un caso de falsedad reconcentrada: Los de la oficina no la aprecian ni se alegran porque vuelva al trabajo, pero le regalan bombones falsamente para quedar bien. A ella no le apetece para nada compartirlos, pero falsamente los ofrece, también para quedar bien. Para rematar, a la mayorÃa seguramente no se le apetecerÃan tantos bombones, pero arrasan con ellos para asà fastidiar más.
En fin, una estampa adorable la de esa oficina, sà señor… Un gran trabajo del intrépido reportero.
Maite y demas novatos del “regalo encubierto”: es sabido por todos que en dicho caso siempre hay que escupir o toser aparatosamente encima de la caja recien abierta