
Sagrario Romo, toledana de 68 años, decidió llamar ayer a su hijo Jorge para limar asperezas y hacer balance de los últimos años vividos. Su interlocutor, sin embargo, no estaba en aquel momento en casa, por lo que respondió a la llamada un contestador automático. Romo no se percató de que se trataba de una máquina y, pensando que su hijo la estaba escuchando, inició un parlamento que se prolongó durante más de media hora, coincidiendo con la duración de la cinta. “Hay momentos en los que lanza preguntas al aire, da por supuesto que no estoy de acuerdo con ella y me rebate. En fin, lo de siempre pero sin mí” explica el hijo de Sagrario, que piensa echar mano del aparato en la próxima comida familiar.