Una de las madrileñas torres KIO está prácticamente desierta desde el pasado dÃa 28 cuando, a media mañana, el ascensor que comunica las distintas plantas quedó inutilizado debido a un fuerte mal olor de origen humano. “Lo notas, sabes que está ahÃ, que te rodea, que se introduce por tu ropa como una presencia invisible pero implacable, casi sólida” explica uno de los pocos trabajadores de la planta 25 que aún se atreve a utilizar el ascensor.

Hay quien sigue utilizándolo.
La opinión de la mayorÃa es que todo el mundo debe cooperar. Mientras algunos insisten en seguir utilizando el ascensor como si nada hubiera pasado para demostrar que no tienen miedo y que no sucumben a coacciones, otros están haciendo una colecta voluntaria para construir un nuevo elevador o, en su defecto, derribar la torre y trabajar en cualquier otro lugar. “Como en las cloacas”, prosigue MarÃa.
Hace unos meses, en un pasillo del Ministerio de Defensa, un rebufo de Chanel número 5 impedÃa el paso por el mismo. Una patrulla de la Guardia Civil perfumada de Jean Paul Gaultier -para hombre- intentó recuperar el control del corredor para devolver la normalidad al edificio. El remedio, sin embargo, fue peor que la enfermedad y la ministra Carme Chacón estuvo valorando la posibilidad de cambiar de edificio o permitir a los funcionarios holgazanear desde sus casas sin tener que hacerlo en las instalaciones del Ministerio.
No me extraña que no usen el ascensor con esa cara que pone tiene pinta de haberse cagao encima
SÃ, pues MetroMadrid, macho… yo creo que cada dÃa se pierden de 1.000 a 2.000 viajeros de metro, que al intentar acceder a ciertos vagones peo-contaminados se salen y huyen en pos del autobús, que aunque tarda el triple que el metro debido a los atascos de las calles en obras, por lo menos deja la opción de salirse a la calle por las ventanillas en caso de gases intestinales incontrolados. Eso sÃ, está surgiendo una generación de “poetas de los aromas familiares” que ya dedican odas y cuartetas a los distintos platos que, en su salida tras ser digeridos, perfuman el transporte subterráneo de Madrid. Los lunes potaje, los martes pescadilla enrollada, los miércoles lentejas con morcilla, los jueves paella, los viernes codillo, y asà sucesivamente. Claro que no todo el mundo tiene la sensibilidad de estos poetas, es más, la mayorÃa no la tiene, y lo único que posee es la nariz y un olfato más o menos normal, asà que de lunes a domingo podemos encontrarnos desmayos, lipotimias e incluso derrames cerebrales. Sólo fÃjense en que en los últimos tiempos hay un equipo paramédico del 012 en cada boca de metro. Por algo será.
DILINCUENTE Y COPIÓNG!
escalations should have smtp service activated on a portable device