“No nos dimos cuenta de la mandanga hasta que vimos que el Truhán, el perro de Cuqui, se quejaba porque se había quedado enganchado a mi perra Pati por el cachirulo” explica Puri. Una vez descubrieron “el pastel”, tanto Puri como Cuqui (quien no ha sido capaz de recordar de qué es diminutivo su nombre) se sintieron muy avergonzadas por la escena y, tratando de disimular, continuaron hablando durante horas aunque la conversación se tornó tensa y artificiosa. A las seis horas de charla, empezaron a caminar intentando desentenderse de sus mascotas, que las seguían a saltitos y entre aullidos de dolor.

Fue uno de los niños del parque quien, inocentemente, les dijo que no se olvidaran de sus perros, que estaban jugando al Twister. Fue entonces cuando las mujeres tuvieron que hacerse cargo de la situación. “El problema es que en ese rato tuvimos tiempo de criticar a todo el mundo y de ponernos al día de todo, así que yo calculo que trataremos de evitarnos la una a la otra por lo menos hasta que uno de los dos perros haya muerto de viejo”, confiesa Puri.