Santiago Velázquez no logra conciliar el sueño desde hace tres semanas, justo el tiempo que lleva intentando localizar a Demetrio Montero, su amigo de la infancia. “Sus padres ya no viven y no tengo el teléfono de ningún familiar suyo. Nadie sabe nada de él y necesito retomar el contacto”, se lamenta. Su interés por encontrar a su compañero de fatigas, al que no ve desde 1996, es simple: “Me han dado un cargo de directivo en la empresa para la que trabajo y el mes que viene me caso con una señorita imponente. Quiero restregárselo por toda la cara”.

Demetrio ha sido siempre un tipo encantador, carismático y formal, según reconoce Santiago. “Se comportó siempre como un gran amigo. Estuvo cerca de mí cuando le necesité y conseguí mi primer empleo gracias a un contacto que me proporcionó. Una situación que, como comprenderás, sacaría de sus casillas a cualquiera”, confiesa el entrevistado.

Tras llevar una vida corriente y sin grandes gestas, Santiago se encuentra por fin en una etapa excitante y le espera un futuro prometedor. “Ahora soy jefe de ventas, ni más ni menos. Y he encontrado a una mujer que me quiere, como la anterior, pero que es guapísima. Ni yo mismo me lo creo. Ha llegado mi hora, la hora de devolvérselo todo a Demetrio. Que sepa lo que se siente cuando el mierda eres tú”.

Santiago se estremece ante la posibilidad de que a su amigo le haya ocurrido algo. “Han pasado muchos años, podría haber muerto. La idea de perderle para siempre, de no poder enseñarle en qué me he convertido, me martiriza. Sería muy injusto su fallecimiento. Merezco una oportunidad porque la partida no ha terminado”. Dicho esto, se levanta para hablar con el camarero del restaurante en el que nos hemos reunido y le convence para que cuelgue un retrato de su colega en la puerta del establecimiento. “Nunca se sabe, quizá tiene alzheimer y vaga perdido por las calles, como un indigente. La vida da muchas vueltas, puede que un asistente social reconozca su foto y se ponga en contacto conmigo” aventura Santiago con una sonrisa en los labios. Una mueca que se interrumpe de repente cuando le digo que no es cuestión de ponerse en lo peor. “Quizá está trabajando en el extranjero”, afirmo. “¿Trabajando con alzheimer? No, lo dudo mucho. Si está tirado en la calle no creo que sea fuera de España”, responde Santiago haciéndose ilusiones.

El entrevistado pide que desde este periódico difundamos una fotografía de Demetrio Montero para facilitar el reencuentro. “En otros medios no me han hecho demasiado caso, pero Buenafuente parece un buen tipo y este diario es suyo al fin y al cabo”, afirma. Le aclaro que esto no es exactamente así, pero insiste. “Demetrio viene de una familia de derechas y vosotros sois filosocialistas. Me lo imagino viendo su propia cara en un panfleto de La Sexta y es que ya me río”, exclama. También me facilita una lista de algunos compañeros suyos del colegio reconociendo que “me conformaría con impresionarles a ellos si no consigo ver a Demetrio”.

Demetrio Montero en 1996.
Demetrio Montero en 1996.

Lista de compañeros de Santiago Velázquez:

Pablo Villanueva
Noelia Feo Esquinas
Juan Ramon Higueras
Olga Montero
Aida Marquez
Juliette Tanarro
Gema Sanz
Francisco Ciscar
Carlos Ramírez
Nacho Monreal
Juan Amaya

Restaurante Marmagenta.

– Ensalada de ventresca.
– Carpaccio de atún.
– Filete de ciervo.
– Rabo de toro.
– Café.

Total: 78 €.