
Hace cinco años que Juan Trampero no sale de su domicilio y sólo esta entrevista ha logrado interrumpir su periodo de reclusión. No le gusta la vida de ermitaño pero asegura que es su obligación quedarse en casa: cree que su cojera es contagiosa y trata de evitar una pandemia mundial. Trampero acude a la cita sobreponiéndose al miedo y se le distingue claramente porque su cojera es muy particular y también porque, detrás de él, quince niños caminan imitando sus pasos entre risas. “Llevo cinco minutos fuera de casa y ya he contagiado a todos estos chavales. Tendré que cargar con ello toda mi vida”, se lamenta al llegar.
De no ser por la cojera, podrÃa decirse que Juan Trampero, de 72 años, es un hombre elegante: viste foulard, pajarita y un largo abrigo de terciopelo. Pero basta que dé dos pasos para que se perciba el tormento de este hombre, poseedor de una de las cojeras más extrañas del mundo. Su cadera se contonea de una manera seductora y parecerÃa que camina bailando si no fuera porque arrastra el pie izquierdo como quien tira de una pesada bola de hierro. Para compensar el peso, estira los brazos para adelante como un zombi y a cada paso los encoge de nuevo, en un gesto similar al que hacen los que practican remo. Además, el hecho de que exclame “yepa, yepa” a cada embiste aporta cierta musicalidad al conjunto y no ayuda a dignificar su estampa.
“No nacà asÃ. Lo que pasa es que durante la posguerra calcé dos zapatos de pie derecho porque eran los que les sobraban a los dos únicos amputados que habÃa en el pueblo, que ya es mala suerte”, explica mientras da cuenta de una ensalada. “Empecé a caminar mal, como en cÃrculos, y poco a poco fui cogiendo malos hábitos. Cuando pude comprarme mis primeros zapatos normales, ya no habÃa nada que hacer. Tengo los huesos retorcidos. Soy como un muelle por dentro”.
Pero Trampero se ha acostumbrado a su cojera y no es su propio andar el que le inquieta, sino el de quienes lo imitan. “Creo que lo mÃo se debe de contagiar por el aire, soy como el origen de algún virus extraño. Y eso que a mà lo de cojear me viene de no tener dinero para zapatos. Vaya, que es muy extraño. Pero vas a los médicos y nadie se molesta en estudiarlo”, dice resignado.
El entrevistado niega rotundamente que los chavales le imiten adrede, aprovechando los defectos ajenos para burlarse del más débil. “De pequeñito era gangoso y todos los niños del colegio empezaron a hablar como yo. Dejé de hablar en voz alta y se curaron. El problema está en mÔ.
Acabado el almuerzo, Juan Trampero decide volver a su casa para que la cosa no pase a mayores. Es un suplicio verlo levantarse y andar ranqueante hasta la puerta. Apenas ha avanzado unos metros cuando un adolescente se sitúa a su lado y empieza a caminar como él poniendo caras extrañas. Entonces Juan Trampero se derrumba y, llorando, le pide perdón. El adolescente, lejos de turbarse, también hace ver que se pone a llorar. Sus amigos, en una mesa cercana, rÃen despreocupadamente. El llanto de Juan Trampero es tan llamativo, tan peculiar, que pronto todo el restaurante acaba imitándole.
Mientras pago la cuenta, le oigo salir entonando su caracterÃstico “yepa, yepa”. Los niños, e incluso algunos clientes del establecimiento, deciden seguirle y juntos conforman una grotesca multitud que corea “yepa, yepa”. “Es como el flautista de HamelÃn pero en cutre”, apunta el camarero con un deje amargo.
- Ensalada de langostinos.
- Bacalao con tomate.
- Flan de huevo.
Total: 21 €.
yepaaaa, yepaaaaa!!
Eso no es verdad, señor Trampero. Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo…
¡¡Yepa, yepaaaaaaah!!!
Merde, se me pegó también…
Pero… ¿esto es de verdad o es de broma? Provecho locasión de saludal a toda mi familia y en especial a mi novia JENI TQM
Preparense para la ola de protestas de la Asociación Española de Zombis y Zombias (D.I.E.Z.), de la Federación Nacional de Lanzadores de Peso y Actividades Derivadas (B.O.L.A.V.A.) y de los Remeros Mancos de España (B.O.G.A.T.U.)… Me temo que va a ser feroz.
Qué gran historia humana de sacrificio y cuarentena autoimpuesta. Me emociono sólo con imaginarme sus apresurados “yepa, yepa†intentando regresar a su hogar para no contagiar al mundo.
Propongo crear una cuenta bancaria para conseguir a este prohombre todo lo que necesite para que pueda salir frecuentemente al mundo exterior y hacer una vida normal. PodrÃamos comenzar, por ejemplo, recaudando lo suficiente para comprar una bola de plástico transparente gigante dentro de la que pueda caminar evitando el contacto directo con la población. Eso, sin duda, le devolverÃa la dignidad.
Llevo como 45 minutos llorando de risa con el coment de Adam xddd (por que el coment si que es de broma espero!)
Bravo, en realidad, nunca lo sabremos. Adam es asÃ.
Joder, ahora con los cojos… como se cabreen ya podeis prepararos para correr.
Es cierto!!!
A este hombre lo vi una vez en una tienda, e increiblemente, mi colega y yo acabamos contagiados, ademas, tuvimos efectos secundarios graves, como risa estridente imposible de parar e incontinencia urinaria.
Pobre hombre, a ver si encuentra cura en estados unidos o por ahi cerca que saben tanto.
joder lo siento mucho que putada no puedo en este momento para mis rrisas