Tres tÃpicos chulitos de barrio fanfarroneaban ayer sobre lo mucho que “chanarÃa” que tuvieran unas motos de gran cilindrada cuando una araña de tamaño considerable hizo acto de presencia y, dado que nadie se atrevió a matarla o a sacarla de la habitación, quedaron en evidencia los falsos alardes de masculinidad. En especial la de Ricardo Palmito, de 17 años, que minutos antes habÃa explicado cómo habÃa salido victorioso de un enfrentamiento verbal con otro alumno de su instituto. Palmito soltó un grito inapropiado cuando se encontró al bicho.

Han empezado a vestir camisa y a comportarse.
“Rick siempre describe sus peleas y también nos gusta hablar de motos y de mujeres, muchas de ellas mayores que nosotros” explica Juan, de 16 años, mientras intenta fingir, con poco éxito, que no tiene frÃo vistiendo una camiseta de tirantes en pleno noviembre.
“Somos los más duros de todo Hospitalet, pero ahora todo el mundo sabe lo de la araña y me da miedo volver al instituto. Muchos aprovecharán para vengarse de todas las amenazas, coscorrones y empujones de los últimos años. Hemos vivido de nuestra imagen hasta hoy. A partir de ahora, no sé, quizá nos pongamos a estudiar como los demás. O quizá es que somos gays o yo qué sé. Estoy muy confuso”, sentencia Juan, que abre mucho las piernas para que no se le caigan los pantalones.
Los dos amigos de Ricardo culpan a éste de “meterles el miedo en el cuerpo” con sus gritos y expresiones de pánico. Aseguran que en otras circunstancias todo hubiera sido resuelto con normalidad y eficiencia. “Yo la hubiera podido matar a mordiscos o lo que sea. Incluso me hubiera atrevido a quemarla con el mechero, porque como fumo, pues tengo mechero y hago esas cosas”, asegura Raúl Padilla.
Según el testimonio de la hermana de Johnny, que escuchó los gritos desde su habitación y acudió a socorrer a los muchachos, el momento más incómodo se vivió cuando Raúl dio un manotazo a la araña quedando ésta colgando de su mano mediante un fino hilo. Raúl empezó entonces a correr en cÃrculos sin saber qué hacer y pidiendo unas tijeras.
Igualito que Peter Parker. Todos los adolescentes ven a Spiderman como un superhéroe, pero en realidad es un esmirriado muerto de hambre que vive con su abuela. Si no lo hubiera picado la dichosa araña todavÃa estarÃa cobrando de los chulitos del instituto. Si es que todos son iguales!
La camisa por dentro, hombre, por dentro, como Dior manda.
Kike GarcÃa escribe muy, muy bien. Larga y despaciosa reverencia ante un escrito humorÃstico modélico.