Hace nueve meses que Frederic Sants, auxiliar administrativo de la Generalitat de Cataluña, no regresa a su puesto de trabajo. El motivo no es una baja laboral ni un despido: según parece, salió a desayunar el 3 de febrero del año en curso y todavía no ha vuelto. Aún permanece en el bar Sky, muy cercano a su oficina, sentado en la barra y comiéndose un bocadillo de jamón. Con el transcurso del tiempo, el post-it que dejó en su ordenador y que rezaba “Salgo a desayunar vuelvo en 5. min” ha quedado enterrado bajo una montaña formada por las carpetas y los documentos acumulados que sus compañeros van depositando diariamente sobre su mesa. Su ausencia tiene completamente desbordado al departamento, encargado de procesar alegaciones a multas de tráfico, pues para que dichas alegaciones puedan prosperar necesitan la firma de Frederic.

“De vez en cuando le llamamos al móvil para que venga a firmar o incluso le llevamos al bar los documentos. Pero cuando nos ve entrar dice ‘ya voy, ya voy, termino el café y vengo, me queda un buchito sólo’ y se queda ahí removiendo la cucharilla. Y claro, volvemos con los papeles sin firmar otra vez. Y así desde febrero” explica Natalia, compañera de Frederic.

 

“Esto tenía que pasar tarde o temprano” dice otro compañero del funcionario, el típico colega de oficina que cuando sale a desayunar con todos avisa de que les quedan cinco minutos y vuelve corriendo al trabajo. “Cada día tardaba un poquito más. Primero un par de minutos, luego cinco, luego quince y ahora diez meses. Esto es jauja. Ya me gustaría verle en una empresa privada y no en la administración. Yo he trabajado en una multinacional y allí no se andan con tonterías”.

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En los nueve meses que Frederic Sants lleva desayundando en el Bar Sky se desconoce si se ha levantado alguna vez de su mesa. El gerente del establecimiento, Fermín Sánchez, declara que la presencia del funcionario no le molesta. “Él va pidiendo pulgas de jamón del país y cortados descafeinados de máquina. Y por la noche echo la persiana y ahí se queda. No sé yo si luego se pone a dormir o va al lavabo. A mí no me importa que esté porque me da conversación y se ha convertido en una seña de identidad del bar”, explica mientras recoloca unos pinchos de tortilla en la barra. Lo único que molesta a Fermín es que Frederic le pide los bocadillos y los cortados fingiendo que tiene prisa porque tiene que volver “corriendo” a trabajar.

Frederic Sants, sin dejar de comer su bocadillo, dice que no tiene mucho tiempo para atender a los periodistas porque tiene un montón de trabajo en la oficina y la pausa del desayuno es muy justa. Omite contestar por qué lleva tantos meses desayunando, como si no se hubiera dado cuenta de ello o no quisiera reconocerlo. “A ver si me da tiempo, por una vez, de completar el sudoku antes de volver al tajo”, dice mientras perfila un seis sobre un sudoku tan lleno de tachones y manchas de café que difícilmente pueden verse ya los números impresos.

Ante las quejas de sus compañeros, los superiores de Frederic insisten en que salir a desayunar es un derecho sindical: “Este señor realmente no ha dejado de desayunar. No se ha ido a su casa, no se ha ausentado injustificadamente y está localizable. Si vas a su mesa hay un cartel que pone que vuelve en cinco minutos. Un poco de paciencia y que le dejen respirar, coño”.