Josefa Retales expresó ayer el cariño que siente por su nieto Kike, de nueve años, pellizcándole la mejilla hasta llegar al hueso. “El niño le pidió que parara pero la abuela estaba como loca, embriagada por el amor. Al final Kike se cayó al suelo y Josefa se quedó con media mejilla entre los dedos” relata el padre de la criatura, que ha sido ingresada en el Hospital Carlos Haya de Málaga, donde tendrá que ser atendida por expertos en cirugía plástica. No es la primera vez que Josefa Retales lesiona a un ser querido. Hace dos años ahogó a un San Bernardo al que hacía mucho tiempo que no veía.

La familia no denunciará lo ocurrido porque comprende que el pellizco ha sido “fruto del cariño”. Josefa lamenta el incidente y asegura que “los niños de hoy en día ya no resisten como los de antes”. Aunque siente deseos de acudir al centro hospitalario para abrazar a Kike y pedirle perdón, los padres del niño le han recomendado que se abstenga de hacerlo porque el suceso es aún muy reciente.

“Lo que ha hecho Josefa pasa en muchas familias, especialmente cuando sus miembros se reencuentran por Navidad o festividades similares. Una abuela que tenga la costumbre de pellizcar y ahogar a sus seres queridos difícilmente podrá reprimirse. Hay que procurar que se desahogue antes de la comida o la cena familiar, porque después tiene más fuerza en los dedos. Para separar a la agresora de la criatura afectada puede usarse otra criatura de menor edad que haga de cebo. El depredador soltará a su presa e irá a por la otra, momento en el que un adulto puede distraerlo con un álbum de fotos o un plato de canapés” explica Antonio Rojas, experto en carnívoros depredadores.