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Archivos mensuales: noviembre 2009

Beber once litros de cerveza al día reduce el riesgo de padecer glaucoma

El consumo desmesurado de cerveza puede ayudar a prevenir enfermedades como el glaucoma y algunos tipos de herpes, según un estudio elaborado por el Hospital de las Hermanas Hurtado de Madrid. El Dr. Enrique Fritzman, director del equipo que ha elaborado el estudio, afirma que la ingesta diaria de grandes cantidades de cerveza puede ser beneficiosa para el organismo.

Las asociaciones de víctimas de adicciones como el alcoholismo han puesto el grito en el cielo. Afirman que el estudio puede inducir a las personas con riesgo de generar dependencias a generar una dependencia. Para el doctor Fritzman esto «son patrañas» ya que, asegura, «antes del estudio ya había alcohólicos, no me jodan». Además, según él, «¿Qué importa un alcohólico más o menos si puede evitarse la ceguera de miles de seres humanos, mujeres incluídas?».

El estudio revela, asimismo, que algunos tipos de herpes simple, como el herpes genital, se curan antes si se bebe mucha cerveza. De los individuos estudiados con herpes genital que bebieron mucha cerveza, el 32% había experimentado una gran mejora a las tres horas, un 26% tras seis horas de estar bebiendo y el resto mejoró del todo aún encontrándose en estado comatoso. La pregunta que cabe hacerse es, pues: ¿Cuánta cerveza se debe beber para poder decir que es beneficiosa para la salud? El doctor Fritzman es taxativo: «Menos de once litros es como no beber, simplemente el organismo la mea toda y se desaprovecha».

Lidl venderá aviones

«No sé por qué se extraña todo el mundo. Además de comida, llevamos tiempo vendiendo estanterías, trajes de neopreno, lámparas o pequeños electrodomésticos que funcionan a pilas y que no se sabe muy bien para qué sirven aunque las mujeres de mediana edad los compran como churros» explica el consejero delegado de Lidl, Klaus Quintet.

Lidl ha empezado a vender los primeros aviones fabricados por la marca alemana en un establecimiento de la calle Bailén, en Barcelona. Ha podido verse a Josep Piqué, presidente de Vueling, haciendo la compra semanal en dicho establecimiento, lo que ha provocado las críticas airadas de los fabricantes Boeing y Airbus, que temen que las marcas blancas afecten a su negocio. Piqué ha declarado que «si entre unos macarrones de la marca Gallo y unos macarrones del Eroski no se nota la diferencia, con los aviones ocurrirá lo mismo».

«No entiendo por qué se molestan en vender cosas raras. Todo el mundo sabe que lo mejor de Lidl es la cerveza, que es alemana y muy barata, y también los yogures, que son de tamaño descomunal y valen cuatro pesetas. Los aviones no hacen más que molestar. Antes una mujer se ha subido a uno para probarlo y, al encenderlo, los reactores han succionado todo el departamento de congelados y a dos abuelas. Yo quería hacer barritas de merluza para cenar y ahora no podré», protesta una clienta.

Pese a las quejas, Lidl espera vender varias decenas de Lidl-747 en todo el mundo durante la campaña de Navidad.

El Gobierno prohibe el nuevo hámster bayeta

El Constitucional tumba el Estatut de Cataluña «porque está en un idioma raro»

Ante las quejas por el retraso de la sentencia sobre el Estatut de Cataluña, vertidas incluso por el president José Montilla, el Tribunal Constitucional ha decidido poner fin a la espera y reconocer, en palabras de su presidenta María Emilia Casas, que «el texto sobre el que este tribunal debe pronunciarse está redactado en un idioma raro que, sinceramente, imposibilita su correcta interpretación».

Nada más pronunciarse el Constitucional, un portavoz de la Generalitat se ha apresurado a aclarar que «este idioma que a la magistrada le parece raro se denomina catalán y es una de las lenguas que se hablan en España».

La presidenta no ha tardado en replicar que «fue lo primero que pensamos y por eso hemos estado empleando la tecnología necesaria para traducir a una lengua normal el texto que se nos ha facilitado. Lo que pasa es que el traductor de Google no es infalible y arroja frases incomprensibles como por ejemplo ‘todos los catalanes tenemos derecho a la pita y la ofrenda incluso ajena'».

El líder de la oposición en Cataluña, Artur Mas, ha lamentado que el tribunal «haya tirado de traductor automático en vez de preguntar a alguien». María Emilia Casas ha reconocido que «llamamos al teléfono de información de la Generalitat, pero las operadoras respondían siempre en ese idioma raro. Total, que si algo no se entiende, ni se firma ni se ratifica».

José Montilla no ha ocultado su sorpresa ante lo que considera «una buena faena» y ha preguntado directamente a la presidenta del Constitucional «¿Y ahora qué?».

María Emilia Casas ha respondido «ahora qué de qué», dando a entender, según Artur Mas, que «eso quiere decir que no y punto».

El presidente de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) ha asegurado que «esta situación en la que nos encontramos es una prueba irrefutable de que fuera de Cataluña hay muchas personas que no hablan catalán, lo cual quiere decir que tenemos que seguir luchando».

«Vivo aislado porque mi cojera es contagiosa»

De no ser por la cojera, podría decirse que Juan Trampero, de 72 años, es un hombre elegante: viste foulard, pajarita y un largo abrigo de terciopelo. Pero basta que dé dos pasos para que se perciba el tormento de este hombre, poseedor de una de las cojeras más extrañas del mundo. Su cadera se contonea de una manera seductora y parecería que camina bailando si no fuera porque arrastra el pie izquierdo como quien tira de una pesada bola de hierro. Para compensar el peso, estira los brazos para adelante como un zombi y a cada paso los encoge de nuevo, en un gesto similar al que hacen los que practican remo. Además, el hecho de que exclame «yepa, yepa» a cada embiste aporta cierta musicalidad al conjunto y no ayuda a dignificar su estampa.

«No nací así. Lo que pasa es que durante la posguerra calcé dos zapatos de pie derecho porque eran los que les sobraban a los dos únicos amputados que había en el pueblo, que ya es mala suerte», explica mientras da cuenta de una ensalada. «Empecé a caminar mal, como en círculos, y poco a poco fui cogiendo malos hábitos. Cuando pude comprarme mis primeros zapatos normales, ya no había nada que hacer. Tengo los huesos retorcidos. Soy como un muelle por dentro».

Pero Trampero se ha acostumbrado a su cojera y no es su propio andar el que le inquieta, sino el de quienes lo imitan. «Creo que lo mío se debe de contagiar por el aire, soy como el origen de algún virus extraño. Y eso que a mí lo de cojear me viene de no tener dinero para zapatos. Vaya, que es muy extraño. Pero vas a los médicos y nadie se molesta en estudiarlo», dice resignado.

El entrevistado niega rotundamente que los chavales le imiten adrede, aprovechando los defectos ajenos para burlarse del más débil. «De pequeñito era gangoso y todos los niños del colegio empezaron a hablar como yo. Dejé de hablar en voz alta y se curaron. El problema está en mí».

Acabado el almuerzo, Juan Trampero decide volver a su casa para que la cosa no pase a mayores. Es un suplicio verlo levantarse y andar ranqueante hasta la puerta. Apenas ha avanzado unos metros cuando un adolescente se sitúa a su lado y empieza a caminar como él poniendo caras extrañas. Entonces Juan Trampero se derrumba y, llorando, le pide perdón. El adolescente, lejos de turbarse, también hace ver que se pone a llorar. Sus amigos, en una mesa cercana, ríen despreocupadamente. El llanto de Juan Trampero es tan llamativo, tan peculiar, que pronto todo el restaurante acaba imitándole.

Mientras pago la cuenta, le oigo salir entonando su característico «yepa, yepa». Los niños, e incluso algunos clientes del establecimiento, deciden seguirle y juntos conforman una grotesca multitud que corea «yepa, yepa». «Es como el flautista de Hamelín pero en cutre», apunta el camarero con un deje amargo.

Restaurante «Tú y yo».

– Ensalada de langostinos.
– Bacalao con tomate.
– Flan de huevo.

Total: 21 €.

Una avería en un mando a distancia condena a una familia a ver «El Intermedio»

Andrés Rupiáñez, madrileño de 55 años, asegura que su familia está siendo víctima de «acoso televisivo» puesto que, desde el pasado lunes, una avería en el mando a distancia del televisor le impide sintonizar otra cadena que no sea La Sexta. «Hemos encargado otra tele, pero de momento ese histrión panfletario de izquierdas llamado Gran Wyoming nos indigesta las cenas sin remedio», se lamenta el afectado. Rupiáñez admite que «hemos descartado la opción de desenchufar el aparato porque la alternativa es iniciar una conversación, cosa que siempre termina en reproches y con mis tres hijos castigados».

Los Rupiáñez no dudan en explicitar su ideología «totalmente contraria al izquierdismo trasnochado» y se escandalizan cuando en «El Intermedio» se hacen bromas obscenas «o cuando sale esa muchacha que hace como que es china y que ojalá lo fuera porque en chino de verdad al menos no se entenderían todas las mamarrachadas» apunta Andrés, quien agradece, eso sí, «que los de la cadena hayan tenido el detalle de dejar para mucho más tarde el programa ese del catalán que le pone su apellido a todo. Cuando él llega ya estamos durmiendo, afortunadamente».

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, ha asegurado que comprende «la contagiosa angustia de la familia» y se ha ofrecido a enviar al domicilio de los afectados «un reproductor de DVD con una recopilación de los mejores momentos de Telemadrid». Andrés Rupiáñez ha agradecido el gesto pero ha confesado que «esta recopilación la hice yo mismo en VHS y ya la tenemos muy vista».

Pide una ambulancia sólo para cronometrarla

Andrés Monegal dedicó la tarde de ayer a pedir ambulancias por teléfono con el único objetivo de cronometrarlas y comprobar cuál de ellas era la más rápida. «Cuando llegamos a su domicilio vimos que nos recibía tan campante con un cronómetro en la mano, felicitándonos por haber llegado en seis minutos y cuarenta segundos», explica el conductor de una de las ambulancias. Monegal argumenta que lo hizo para «someter a las empresas de ambulancias a un control de calidad».

La ocurrencia de Andrés Monegal entorpeció las labores de los servicios de atención médica, que reclaman a las empresas de ambulancias que filtren con más tino las llamadas. «Cuando llame una persona diciendo que se ha quedado sin brazo y que se está desangrando, no cuesta nada pedirle que envíe una foto de la pupita hecha con el móvil», explica Inés Sánchez, enfermera del Hospital Gregorio Marañón. «Hay muchos ancianos que se sienten solos y que piden una ambulancia por cualquier tontería. Incluso para que les acompañen a hacer la compra, con la excusa de que pasarán por la farmacia», añade.

Monegal ha sido detenido y, aunque no se sabe aún si se le condenará o se le impondrá una multa, varios cirujanos se ofrecen a operarle gratuitamente para comprobar lo que tarda en recuperarse.

Ferran Adrià, marcado por el bullying

En la citada entrevista, Adrià revela que los matones de su colegio le obligaban a cocinar para ellos y que, con el fin de evitar que le robaran el bocadillo, intentó que su comida pasara desapercibida. Esto le llevó a inventar el sandwich con forma de carpeta y a licuar el Bollycao para poder introducirlo en el interior de bolígrafos y rotuladores. Su experiencia personal le ha animado a acosar a sus empleados, entendiendo que esto les ayudará a ser grandes cocineros como él.

Según la psicóloga Laura Esprai, «es muy habitual que las víctimas de acoso se conviertan en acosadores con el paso de los años, especialmente si asumen puestos de responsabilidad y poder». Todo indica que este es el caso de Ferran Adrià, del que se sospecha también que podría estar maltratando a muchos de sus clientes. Uno de ellos, Manuel Santolé, interpuso una demanda contra el cocinero argumentando que «me estuvo dando capones y llamándome ‘mantequitas’ durante toda la comida asegurándome que aquello formaba parte del plato. Luego llegó la cuenta y aquello sí dolió de verdad. Ese tío es un abusón».

Utilizan a los «castellers» para instalar el alumbrado navideño

El ayuntamiento de Terrassa (Barcelona) ha llegado a un acuerdo con un grupo de «castellers» para sacar partido de una de las tradiciones más emblemáticas de la cultura catalana: el levantamiento de castillos humanos. Con el objetivo de ofrecer un servicio a la comunidad, los Minyons de Terrassa se encargarán de instalar el alumbrado navideño en su ciudad y de mantenerlo en óptimas condiciones.

«Es nuestra forma de celebrar las fiestas navideñas y de aprovechar que estamos allí arriba para hacer algo útil» explica Jaume Roca, presidente de la agrupación. El hecho de que algunos de los participantes de la «colla» sean menores de edad ha levantado las críticas de la Asociación para la Protección de la Infancia: «Una cosa es que un niño se suba a una torre humana de veinte metros de altura y otra muy distinta es que tenga que trabajar para un ayuntamiento», declara un portavoz de la asociación.

«Mi hija perdió todos los dientes de leche al caerse de un ‘pilar de vuit amb folre i manilles’ y desde entonces no ha querido repetir. El Ratoncito Pérez le trajo una bandera de Cataluña enorme para que olvidara la mala experiencia, pero no sirvió de mucho. Sin embargo, ha vuelto a recuperar la ilusión cuando se ha enterado de que podría poner ella misma las lucecitas de Navidad. Está dispuesta a lo que sea para que los Reyes Magos se porten bien con ella este año» declara uno de los miembros de la agrupación castellera.

Otros ayuntamientos españoles se han fijado en la iniciativa y están estudiando su viabilidad. El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, ha declarado que «de momento nosotros preferimos pagar a alguien para que nos haga esto en vez de pedírselo a los niños como un favor».

Un marinero del Alakrana regresa a casa y no dan nada bueno en la tele

Efectuada la liberación del atunero «Alakrana», y tras 50 días de cautiverio en el océano, uno de los tripulantes del buque, Antonio Marín, regresó a casa cansado pero satisfecho al reencontrarse con su familia. Sin embargo, cuando entró en su domicilio no se sintió reconfortado. «Subíamos la escalera y poco antes de llegar a la puerta ya oímos a Pablo Motos haciendo chistecillos. Antonio empezó a despotricar y, una vez en casa, se sentó en el sofá, hizo un poco de zapping y vio que no echaban nada que valiese la pena» explica la esposa del marinero liberado.

Víctima de la tensión acumulada, Marín se alzó colérico cuando en «El hormiguero» entonaron la canción «Vete a dormir» y estampó el mando a distancia contra el televisor. «Juro que al ver otra vez a ese gilipollas quise regresar de nuevo al Océano Índico. Ojalá le diera por invitar a unos piratas de Somalia a ese programa infantil que tiene y jugaran un ratito a la ruleta rusa. Eso sí me gustaría, siempre que callara la boca», declara Marín.

«Antonio ha tenido que controlar sus emociones durante muchos días y Pablo Motos ha actuado como detonante para su desahogo. Eso no es necesariamente malo siempre que se trate de una reacción puntual y catártica» explica la psicóloga Rosa Humera, especialista en estrés postraumático.

Lamentablemente, y lejos de tranquilizarse, el marinero volvió a encolerizarse cuando vio unos peluches de Trancas y Barrancas, los célebres personajes del programa de Cuatro. «Le dije de salir a tomar el aire para que se olvidara de Motos y todo iba perfecto. Pero entramos en El Corte Inglés y vio los muñecos» explica la mujer de Marín, que consiguió calmar a su marido después de que éste aporreara a los peluches contra el suelo gritando «Culo o codo», en referencia a una broma recurrente de «El hormiguero».

Marín se encuentra más tranquilo en estos momentos, aunque se le ha recomendado que siga un tratamiento psicológico para recuperarse tras la terrible experiencia vivida.

Un multimillonario arroja electrodomésticos al Tercer Mundo

El magnate, que se tiró del avión en último lugar acompañado de una lavadora de carga superior, llegó al suelo bastante emocionado y esperando ser recibido con abrazos, por lo que no entendió el recelo con el que lo miraban los refugiados. Pese a todo, estaba demasiado excitado como para preguntar, de modo que en los primeros instantes estuvo gritando cosas como «genial» o «qué puta pasada» mientras se abrazaba a los damnificados.

Después de calmarse, declaró: «Realmente, ayudar a la gente es un subidón, con todo el viento en la cara y sabiendo que estás haciendo esto por ellos. Ya estoy deseando repetirlo. La ayuda humanitaria engancha y es como una droga. Como una puta droga». Luego expresó su deseo de que, en el mundo, no haya ningún niño «sin secadora o sin nespressos». Hizo en todo momento caso omiso a los misioneros que le increpaban por haber puesto tantas vidas en peligro con su bombardeo y que le recordaban que no había acceso a ninguna red eléctrica en el campo de refugiados.

Otra de las acciones que el filántropo Johann Cleaner llevó a cabo hace seis meses también tuvo cierta repercusión mediática. En aquella ocasión, envió a diversos países en vías de desarrollo millones de latas de comida vacías pero llenas de papeles con mensajes de paz y esperanza en su interior.

Un OVNI aterriza en una zona de carga y descarga

El aterrizaje de un OVNI en Madrid ha provocado esta tarde un importante caos circulatorio que ha obligado a las autoridades a intervenir con contundencia. «Como si el tráfico no estuviera lo bastante jodido, ahora vienen de fuera a complicarlo todo y, encima, aparcando como les da la gana», ha declarado el dueño de un almacén en cuya entrada estacionó el aparato extraterrestre. Varios transeúntes se han parado a observar el artefacto y han complicado aún más la situación hasta que, finalmente, cinco agentes de la Policía han aporreado la carcasa metálica del OVNI obligándolo a ascender y a perderse en el horizonte envuelto en una luminosa columna de humo.

Mientras se elevaba para regresar al lugar de donde venía, el OVNI ha ido recibiendo toda clase de insultos. Muchos automovilistas han tocado el claxon con insistencia gritando a los extraterrestres que se volvieran a su casa. «Hay gente que va por el mundo sin pensar en los demás, como si el universo entero fuera suyo. Como saben que no les llegará la multa a casa, tanto les da. Y si me viene un camión con mercancía y no la puedo descargar, tengo que joderme» protestaba aún el dueño del almacén.

Numerosos expertos en avistamientos de OVNIs han lamentado el trato que han recibido los visitantes, asegurando que «es una muestra de que nuestra actitud ante el turismo es nefasta y de que nuestro interés por lo que ocurre más allá de nuestro planeta, e incluso más allá de nuestra propia calle, es completamente nulo», en palabras de la astróloga Mayra Oscureile. «Podríamos haber entablado un diálogo con ellos, que por supuesto no tienen por qué conocer nuestros códigos de circulación. En vez de esto, hemos recurrido a la fuerza. Luego no pidamos clemencia si regresan con sed de venganza», ha advertido Oscureile.

No es la primera vez que un automóvil extraño colapsa el centro madrileño. «Hace tres meses un Seat Panda muy raro la armó en Cibeles. Llevaba una pegatina vieja de los Power Rangers», explica un agente de tráfico.

Un bebé muy mono frustra un atraco en una joyería

Cuatro individuos encapuchados irrumpieron ayer por la tarde en la joyería Omega, situada en la calle Ortega y Gasset de Madrid, y sembraron el caos en el local actuando muy violentamente. «No hubo tiempo para reaccionar, estamparon el coche contra el escaparate sin importarles que hubiera gente dentro de la joyería y, una vez roto el cristal, entraron y golpearon a los que se cruzaron en su camino. Amenazaron con pistolas e hirieron con un cuchillo a uno de los dependientes para que no activara la alarma» relata, aún conmovido, uno de los testigos del suceso.

En mitad del atraco, un bebé con una cara angelical y un precioso conjunto blanco de perlé atrajo las miradas de los delincuentes, que se dedicaron a hacerle monerías y a preguntar a su madre cómo se llamaba y si era de los que lloran por las noches o de los tranquilitos. Al admitir la mujer que el bebé era más bien tranquilo y bonachón, los atracadores adoptaron una actitud tierna y atenta hasta el punto de que uno de ellos se dedicó a distraer a la criatura con varios colgantes de oro que había sustraído.

«Lo de los colgantes hizo llorar al niño y entonces intentaron distraerle disparando al techo. Consiguieron que se riera y se fueron animando hasta el punto que volvieron a estampar su coche contra el escaparate varias veces porque se dieron cuenta de que al bebé le hacía gracia», explica el testimonio.

Las repetidas colisiones del vehículo provocaron las quejas de los vecinos, que llamaron a las autoridades. Varios agentes de la Policía acudieron al local y exigieron a los asaltantes, de origen albanokosovar, que aparcaran el coche en un espacio autorizado y dejaran de practicar actividades ruidosas. La situación enervó a los delincuentes, que iniciaron un tiroteo que se prolongó durante más de media hora y que atrajo la atención del bebé hasta que éste acabo durmiéndose. Fue entonces cuando la Policía detuvo al grupo de atracadores, acusados de asociación ilícita, robo con violencia, lesiones y molestias a los vecinos.

Una araña cuestiona la virilidad de tres adolescentes

Han empezado a vestir camisa y a comportarse.
«Lo de que solté un gritito de chica no es cierto, lo que pasa es que estábamos hojeando unas revistas en la habitación del ‘Johnny’ y al abrir un desplegable vimos una araña. Estás fijándote en las jamelgas y de repente, ‘placa’, un bicho horrible» explica Ricardo, «Rick» para sus amigos. Éstos reconocen que sonreirían al recordar el momento si no fuera porque ellos también pasaron un mal rato intentando decidir qué hacer con la araña, que reposaba impasible en el regazo de Ricardo mientras éste pedía ayuda a gritos y gesticulaba con aspavientos.

«Rick siempre describe sus peleas y también nos gusta hablar de motos y de mujeres, muchas de ellas mayores que nosotros» explica Juan, de 16 años, mientras intenta fingir, con poco éxito, que no tiene frío vistiendo una camiseta de tirantes en pleno noviembre.

«Somos los más duros de todo Hospitalet, pero ahora todo el mundo sabe lo de la araña y me da miedo volver al instituto. Muchos aprovecharán para vengarse de todas las amenazas, coscorrones y empujones de los últimos años. Hemos vivido de nuestra imagen hasta hoy. A partir de ahora, no sé, quizá nos pongamos a estudiar como los demás. O quizá es que somos gays o yo qué sé. Estoy muy confuso», sentencia Juan, que abre mucho las piernas para que no se le caigan los pantalones.

Los dos amigos de Ricardo culpan a éste de «meterles el miedo en el cuerpo» con sus gritos y expresiones de pánico. Aseguran que en otras circunstancias todo hubiera sido resuelto con normalidad y eficiencia. «Yo la hubiera podido matar a mordiscos o lo que sea. Incluso me hubiera atrevido a quemarla con el mechero, porque como fumo, pues tengo mechero y hago esas cosas», asegura Raúl Padilla.

Según el testimonio de la hermana de Johnny, que escuchó los gritos desde su habitación y acudió a socorrer a los muchachos, el momento más incómodo se vivió cuando Raúl dio un manotazo a la araña quedando ésta colgando de su mano mediante un fino hilo. Raúl empezó entonces a correr en círculos sin saber qué hacer y pidiendo unas tijeras.

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