Ferran Adrià , propietario del restaurante El Bulli, ha confesado en una entrevista concedida al periódico Herald Tribune que el bullying marcó su infancia. El chef confiesa que era acosado por sus compañeros, que se reÃan de su forma de hablar y le robaban los bocadillos. Esto le obligó a aprender a cocinar por sà mismo, convirtiéndose en la autoridad culinaria que es hoy en dÃa. Tras publicarse la entrevista, uno de los pinches del restaurante ha asegurado que Adrià obliga a algunos de sus empleados a cocinar con sartenes sin mango.
En la citada entrevista, Adrià revela que los matones de su colegio le obligaban a cocinar para ellos y que, con el fin de evitar que le robaran el bocadillo, intentó que su comida pasara desapercibida. Esto le llevó a inventar el sandwich con forma de carpeta y a licuar el Bollycao para poder introducirlo en el interior de bolÃgrafos y rotuladores. Su experiencia personal le ha animado a acosar a sus empleados, entendiendo que esto les ayudará a ser grandes cocineros como él.
Según la psicóloga Laura Esprai, “es muy habitual que las vÃctimas de acoso se conviertan en acosadores con el paso de los años, especialmente si asumen puestos de responsabilidad y poder”. Todo indica que este es el caso de Ferran Adrià , del que se sospecha también que podrÃa estar maltratando a muchos de sus clientes. Uno de ellos, Manuel Santolé, interpuso una demanda contra el cocinero argumentando que “me estuvo dando capones y llamándome ‘mantequitas’ durante toda la comida asegurándome que aquello formaba parte del plato. Luego llegó la cuenta y aquello sà dolió de verdad. Ese tÃo es un abusón”.
El dÃa que le dió por llevar espuma de palomitas se lió una buena. El padre Anselmo le atizó duro con el crucifijo al grito de ” Vade retro, Adriansito”. Pero lo mejor fue lo del “aire de kikos”, se la pasaba con la cara metida en la bolsa de Mr. Corns con la escusa de una crisis de ansiedad, claro, cualquiera se la mangaba, toda llena de mocos y vete tu a saber que más.
Ese sr. tan famoso de la noticia, también las hace con los clientes, sà . Yo fui a “El bulli” con mi señora, tras 24 meses de espera. Nos tocó las jornadas “La comida entra por los sentidos” Entramos en el comedor ” Por los ojos” , de primero nos pusieron una sopa de un color muy atrayente y muy cohesionada de apariencia, con un aroma penetrante , vamos, que el estómago te cantaba una jota segoviana nada más verla; sin embargo, no nos pusieron cuchara, y el plato venÃa coronado en el borde por alfileres con la punta hacia arriba, era imposible meterla mano. De segundo un lechón bien asado , pero metido en una urna de esas para votar al Senado, abrigada por una cadena bien gorga que estaba cerrada con un candado.No pude más, le dije a mi mujer : “vámonos de aquÔ . Tras pagar, el maitre nos dijo -el muy cabrón- : “¿Han disfrutado los señores?”. Ya en Rosas, nos metimos en el primer Dönner que encontramos, nos comimos un rulo de Kebab cada uno. Es una vergüenza.
No me extraña nada lo que leo, es mas…
… Ya está tardando el Ferrán para descubrirnos sus últimas y excelentes mini croquetitas de cangrejo burkinafasero rebozadas en burrillas de cabrito cajún ( burillas sacadas del morrico del animal y amasadas una a una entre las yemas del dedo gordo y el Ãndice, looooooooogicamente ). Un faenón que te cagas… no veas!!!
Si es que la sartén con sangre entra!
A hostias me criaron a mi y publicitario que soy! Te lo digo yo!