Jordi Hereu, alcalde de Barcelona, sigue buscando soluciones imaginativas al problema de la prostitución callejera. Reconociéndose incapaces de erradicarla, las autoridades locales insisten en la necesidad de poner orden y por este motivo el ayuntamiento se ha decidido a habilitar “carrils vici” (“carriles vicio” en catalán) donde las prostitutas se concentrarán sin entorpecer al resto de los ciudadanos. “Crearemos filas de putas con suficiente espacio para que nadie se vea obligado a empujar si no es eso lo que busca. Todo muy civilizado y concentrado en el barrio del Raval. El que no quiera líos, simplemente tendrá que evitar esos carriles. Y el que busque juerga la encontrará toda ordenada como en un supermercado del amor” ha explicado esta mañana el alcalde en una rueda de prensa.

Sin embargo, no todos ven con buenos ojos la medida: “La burocratización del puterío le quita todo el encanto. A mí lo que me gusta es ir paseando y, de repente, sin esperarlo, encontrarme a una mujer enseñándome todo el tema. Esto es como si obligas a los buscadores de setas a moverse sólo en los hipermercados”, declara un ciudadano anónimo.

El “carril vicio” tampoco parece convencer a todos los detractores de la prostitución en las calles: “El verdadero problema es que yo no me siento tranquila sabiendo que en la calle hay genitales al aire. Me da igual si están en un carril o en un arbusto. El caso es que están en Cataluña, donde sólo tendría que haber seis millones de catalanes vestidos, aunque fuera en chandal” lamenta Rosa Llofreda, presidenta de la Asociación Catalana de Personas Normales.

La oposición, encabezada por Xavier Trías, ha criticado también la decisión del ayuntamiento asegurando que “lo que hay que crear es un globo aerostático bien grande para que el señor Hereu se monte en él y emprenda un viaje de no retorno a la ionosfera. Puede que con su privilegiada cabeza pueda tapar de una vez el agujero de la capa de ozono”.