Tras meses de discusiones y reuniones multilaterales, los alcaldes de los distintos pueblos españoles han acordado -con el beneplácito de la mayoría de sus habitantes- crear un único territorio rural para agilizar trámites administrativos, unificar acentos cerrados, recetas de cocina, prejuicios y supersticiones.

“Es también una manera de reforzarnos unos a otros frente al poder de las grandes ciudades. La idea no es convertirnos en una metrópolis sino seguir siendo un pueblo y, por lo tanto, conservar el aislamiento y el miedo a todo lo que sea de plástico” ha explicado Fermín, el alcalde del nuevo y único pueblo de España, quien ha admitido que “en las zonas rurales, naturalmente, hay gente muy abierta de mente que no responde al tópico facilón de esa España cerrada en sí misma. Por lo tanto, procuraremos que todas esas personas queden fuera del nuevo pueblo y se recoloquen en otro sitio”.

El resultado de la unificación rural, que viene avalada por el Gobierno, se llamará El Pueblo, tendrá un clima hostil tirando a frío y olerá a establo. Aunque en un principio se pensó en crear una moneda propia para todos los pueblerinos que no recordara a Europa, finalmente se optó por recuperar el intercambio de especies. En cuanto a las tradiciones, se ha abierto un concurso público para elegir el rito más adecuado, que consistirá en “hacerle algo a algún animal entre todos”, en palabras de Fermín.

En cuanto a la duplicidad de cargos y perfiles, se ha establecido un periodo de adaptación en el que, teniendo en cuenta los méritos de cada uno, se elegirá al más chulo, al bestia, al guarro, al borracho, a la puta y a la gorda del colmado. Respecto a los tontos del pueblo, se les ha reunido en una sala para que actúen delante de una cámara con el fin de escoger al que haga más el ridículo.