La semana pasada, Antonio Guzmán, de 72 años, se sintió “como un tonto” cuando descubrió que su esposa Juana realmente estaba a favor de comprar un nuevo televisor, contrariamente a lo que le había dado a entender. Cuando Antonio le comentó a su mujer que estaba valorando la posibilidad de adquirir una tele más grande, ésta le contestó con un tajante “ni hablar” sabiendo que esto haría que su marido comprara el aparato sin dudarlo.

“Hombre, es que si desde el principio le llego a decir que sí porque quería ver mis cosas en la tele vieja, anda que la hubiese comprado”, argumenta la mujer.

“El problema de mi marido es que si le dices A hace B y si le dices B hace A. Y lo hace sólo para que parezca que es él quien lleva el control. Basta con saber eso para dominarlo”, explica Juana Barona. “Además, para qué negarlo, vive para hacerme la vida imposible. Jamás me daría un gusto, así que es fácil conseguir que haga lo que yo quiero”. Su marido, mientras tanto, no deja de mirar al suelo y de negar con la cabeza. Cuando se le pregunta si no está contento con su nuevo televisor, dado que realmente lo quería, no hace sino mascullar un débil “sí”. Su mujer sonríe complacida.

Antonio no quiere ni pensar desde cuándo su esposa lleva usando “trucos sucios y casi de brujería negra” para hacerle actuar a su voluntad. “Llevamos casados más de cuarenta años y quizá en todo este tiempo lo único que he hecho ha sido complacerla, cuando yo pensaba que lo que hacía era fastidiarla desde el cariño o, simplemente, hacer lo que me apetecía a mí”.

Desde que Antonio descubrió la argucia de Juana, el ambiente en casa está totalmente viciado. “Ya no sabemos qué intención escondemos cuando decimos algo. Nuestras afirmaciones y opiniones sobre cualquier cosa son completamente aleatorias”, explica Antonio. “Todo tiene una cadena tan larga de intenciones y contraintenciones que estamos un poco confusos. El otro día, mismamente, ella me dijo que quería el divorcio, pero yo creo que lo que quiere decir realmente es que me quiere más que nunca y que tengamos un hijo. Yo le respondí que estamos un poco mayores pero ella ahora cree que lo que quiero decir es que la veo cada día más joven”.