Un camión que transportaba marujas ha volcado esta mañana en la carretera de Colmenar (M-607) provocando retenciones de hasta 13 kilómetros en dirección Madrid. Aunque el tráfico se ha ido diluyendo poco a poco, ha habido momentos de absoluto caos “porque las marujas, una vez fuera del camión, se han dedicado a comentar la jugada entre ellas sin moverse de la calzada, por lo que interrumpían el tráfico” ha explicado Pere Navarro, director de la DGT.

Al parecer, las marujas regresaban de la Feria Internacional de Muestras Gratuitas que se celebra anualmente en Colmenar Viejo. “Yo he transportado de todo: gallinas, cabras y hasta leopardos, pero los chillidos de esas mujeres no son ni medio normales. Yo casi prefiero los líquidos inflamables” se lamenta José Marín, conductor del camión accidentado, que insiste en culpar a las marujas de lo ocurrido “porque no paraban de gritar desde atrás diciéndome lo que tenía que hacer”.

El momento de máxima confusión ha tenido lugar cuando una de las marujas ha asegurado que le había salido un moratón en la pierna a raíz del incidente. “Entonces las demás se han arremangado la faja y han empezado a repasar cicatrices de operaciones, marcas de nacimiento y toda clase de anécdotas absurdas. Los conductores se distraían por su culpa y ellas, echadas incluso sobre el asfalto y con las piernas en el aire, hacían caso omiso de los agentes de tráfico” insiste Navarro.

A pesar de las leves contusiones, nadie ha resultado herido y entre las accidentadas ha reinado el buen humor. De hecho, aprovechando las altas temperaturas que alcanza el asfalto con el sol de mediodía, han cocinado chorizos y chistorras y las han ido ofreciendo a los pacientes conductores que se encontraban atrapados en la carretera.

Cuando las autoridades empezaban a valorar seriamente la posibilidad de dispersar a las marujas con bolas de goma o gas lacrimógeno, el conductor del camión ha sugerido a las mujeres que regresaran cuanto antes a sus domicilios para poder contar lo que había ocurrido a sus familias y a la gente del barrio. “Aquello ha sido definitivo. Enseguida han preguntado cómo iban a volver y si les pondrían un autocar”. El ingenio de José Marín ha permitido que, lentamente, todo haya vuelto a la normalidad.