Un autobús londinense estalló ayer tras incendiarse después de que un grupo de ancianas del barrio de Canary Wharf recurrieran a la violencia “para acabar de una vez con esa manía que tienen los conductores de poner al aire a tope”. Al parecer, los pasajeros avisaron repetidamente al conductor de que las ancianas estaban murmurando entre ellas y representaban un peligro, “pero él reaccionó poniendo el morro arrugao, como todos los londinenses”, explica un testimonio. Aunque no hubo heridos, el suceso afianza la posición de las ancianas de Canary Wharf y se temen más acciones vandálicas.

“Hacía mucho frío. Muchas sentimos alivio cuando una de las ancianas incendió una falda del mercadillo con un mechero y la puso en el pasillo para calentar el ambiente. Pero claro, como los ingleses somos como somos y ponemos moqueta hasta en el wáter, las llamas prendieron enseguida” explica Roberta Robins, que ha sido acusada de ser cómplice del clan de Canary Wharf.

“No actuaron de forma altruista y sabían lo que iba a pasar. Son de esas que esperan que algo vaya mal para quejarse y armarla gorda. O de las que tejen jerséis horribles para sus nietos sólo para ver qué cara ponen. Pueden hundir familias enteras creando mal ambiente”, se queja otro testimonio que prefiere mantenerse en el anonimato.

“Es muy difícil climatizar el transporte público a gusto de todos, es un problema que tienen todas las grandes ciudades. Lo que no podemos es hacer lo que digan cuatro ciudadanas insatisfechas” ha declarado el alcalde Boris Johnson, que es consciente del peligro que representa la ancianidad descontenta “pero claro, tampoco puedes encerrarlas porque luego provocan motines y mal rollo entre los presidiarios”. Johnson ha querido tranquilizar a la población alegando que “tenemos la tira de autobuses de esos de dos pisos, así que no viene de uno, ni de cuatro”.