“Ha cruzado sin mirar porque, claro, no hay coches. Por lo tanto, no se ha dado cuenta de que una tromba de viento venía a mil por hora. La pobre ha salido despedida y ha acabado estampada contra un escaparate diez metros más allá. Es lo que tiene el viento, que no lo ves. Los camiones y los coches contaminan, pero al menos los ves venir” ha dicho un testigo que luego, ya de paso, ha hecho la previsión meteorológica para toda la semana.

Son muchos los que critican la iniciativa del “Día internacional sin coches” y se preguntan cuántos muertos hacen falta para que los ecologistas reaccionen. “La gente se insulta igual. No llevan coches pero están airados. Mira ese de ahí, por ejemplo, cómo está adelantando a esa pobre señora mayor sin pedir permiso ni nada, empujando. Hay mucho loco suelto al que no tendrían que dejar salir de casa” dice Sergio Muñoz, informático de 43 años, mientras hace cola en una parada de autobús en la madrileña calle Serrano. Luego se pone a despotricar contra un señor que está a su lado al grito de “¡Pero qué haces!” y “¡Fitipaldi!”. Una anciana también se ha quejado de que “los jóvenes van como locos”.

Son muchos los que solicitan al Gobierno que deje de celebrarse este acto, pero desde la Moncloa se ha insistido en que “una única víctima no debería disuadir a los españoles a la hora de velar por el Medio Ambiente y por España”. Mientras tanto, se calcula que al menos 200 ejecutivos llegarán a su casa con los pies destrozados y de mal humor.