Cabe recordar que en dicha guerra Alemania participó de una manera destacada. “El diario de Anna Goebbels” fue escrito en el periodo comprendido entre los años 1938 y 1945. La pequeña Anna relata el miedo que sentía cuando veía un perrito o las sensaciones que le provocaban los judíos. “Estos niños judíos me dan asquito”, escribía, “pero la idea de papá de lo del gas no me gusta”.

Anna, ajena al terror de los adultos, escribía sobre su tiempo, un tiempo convulso previo a la guerra, en el que ser judío en Alemania era difícil, pero ser una niña “normal” tampoco era fácil. “Cada día me cuesta más levantarme, ¡no me gustan las lentejas!”, anotaba, torturada. Anna Goebbels escribía el diario de noche, amparada por la oscuridad, y lo ocultaba cuidadosamente en una caja en la que ponía “manuscritos secretos de Anna”, que guardaba bajo la cama.

Anna Goebbels, una niña de armas tomar.
Anna Goebbels, una niña de armas tomar.

El diario describe con una gran sensibilidad cómo eran las relaciones de los gentiles con los judíos -“Les tiramos piedras, jajaja”-, el trabajo de su padre como canciller -“Papá ha traído a casa un pijama de rayas, pero no me deja probármelo”- o su día a día de preadolescente -“Como Helmut no me hace caso, me he enrollado con Harald, total todos son rubios”-.

Anna murió asesinada por sus padres, junto a sus seis hermanos, el primero de mayo de 1945. La noche antes había escrito, como si fuera una premonición: “Me acaba de venir la regla. Todo es una mierda. Quisiera morirme.”