Tras la tromba de agua del pasado lunes, la línea ferroviaria de Alta Velocidad Madrid-Sevilla quedó interrumpida. Hoy a las 13.10 el servicio ha sido restablecido parcialmente, aunque aún quedan por recuperar varios tramos afectados y los convoyes sólo pueden circular a 20 kilómetros por hora. Un equipo de 30 personas está desafiando al sol de agosto para recuperar el servicio totalmente antes de mañana. No obstante, por motivos de seguridad y eficiencia, sólo uno de ellos -Pedro Pérez, inmigrante chileno de 36 años- puede trabajar mientras el resto se asegura de que todo va según lo previsto. “Es un trabajo que requiere precisión, por lo que a cada paso nos reunimos en asamblea y decidimos democráticamente lo que es mejor hacer”, dice el capataz.

Para Pedro es también una garantía que sus compañeros le apoyen de manera tan entusiasta. “Hombre, a mí me gusta que estén aquí mirando porque si estuviera yo solo sería demasiada responsabilidad y presión y me vendría abajo, la verdad. Que en pleno agosto estén aquí dando todo su apoyo cuando podrían estar en casa con sus señoras es algo que no tengo palabras para agradecer. Además, se turnan para ir a comer y todo, por lo que no me dejan solo en ningún momento mientras estoy aquí en el barro”, explica emocionado Pedro. “Y como su trabajo es más intelectual pues pueden hacerlo bajo una sombrilla, a mí no me importa”.

“Nos gusta asegurarnos de que todo va según lo previsto y, si es necesario, podemos achuchar a Pedro porque es muy de encantarse y a veces se toma las cosas con demasiada calma. Y claro, los plazos son los plazos” dice el capataz de obra mientras sorbe una cerveza. “Además la zanja es muy estrecha y podría ser un peligro, como le he explicado a Pedro, que hubiera dos obreros picando piedra a la vez, pues podrían darse uno al otro sin querer. No sé cómo lo harían en su país pero aquí en España la seguridad es lo primero”.

A veces, ante maniobras algo más complejas, los obreros recurren a lo que llaman “el consejo de sabios”, constituido por un grupo de jubilados que se pasan el día mirando las obras y cuestionando cada movimiento. “Nos hacen replantearnos cosas que tenemos como muy asumidas y nos ayudan a enfocar los problemas con los que se encuentra Pedro desde otro punto de vista. A veces incluso dejamos que sean ellos mismos los que le den instrucciones, porque él, como es de Chile, pues no sabe porque allí ni tienen trenes ni tienen Alta Velocidad ni tienen nada”, explica otro trabajador.