Dolores Grijelmo, profesional de la limpieza, ha visto reducido a un montón de escombros un trabajo que tardó más de ocho horas en llevar a cabo. “Empecé el martes barriendo y fregando las cinco primeras plantas y ayer terminé el resto. Y todo el esfuerzo, para nada. No sé si podré volver a fregar” se lamentaba la afectada con lágrimas en los ojos. Según el informe pericial, fue una explosión de gas en un sótano lo que sacudió ayer por la tarde los cimientos del Edifici Garví en Cornellà (Barcelona), causando el derrumbamiento. La familia de Grijelmo pide que se investigue el incidente “porque mi esposa tenía algunas enemigas en el barrio, gente envidiosa e interesada en hundir su carrera” en palabras de Toni Mauri, esposo de la víctima. “Daba pena verla rebuscando entre los escombros, apartando los cadáveres para que no estropearan las pocas baldosas intactas y libres de polvo” añade uno de los inquilinos del edificio, que reconoce que fregar los pisos del Garví “era la obra cumbre de Dolores, el resultado de toda una carrera profesional”.

Esta mañana, el funeral por las treinta y dos víctimas del supuesto accidente ha estado monopolizado por la tristeza y el desconsuelo de Dolores Grijelmo, a la que amigos, conocidos y compañeros de profesión han arropado con tristeza y cariño.

La ausencia en el sepelio de Martina Roque, miembro del “clan de la bayeta” y ex amiga de la víctima, ha levantado las sospechas de todos y ha confirmado el temor de que Dolores haya sido víctima de una cruel venganza. “No quiero acusar a nadie sin pruebas, pero pronto saldremos de dudas. Hay gente interesada en manchar mi expediente y en desmoralizarme. Estoy hasta el coño de ellas” ha afirmado Grijelmo.