El pasado martes, los organizadores del Tour de Francia esperaron hasta ocho horas a que el pelotón llegara a la línea de meta. No lo hizo. El recorrido de la etapa de aquel día (Montpellier-Montpellier) era muy sencillo, pero los ciclistas tomaron mal un desvío y se perdieron. Desde entonces estuvieron en paradero desconocido y no se escatimaron esfuerzos para tratar de encontrarlos por toda Francia.

Ayer, finalmente, fueron vistos en la ciudad de Barcelona. Cuando los Mossos d’Esquadra los pararon, los ciclistas preguntaron por Montpellier. “Íbamos siguiendo a Lance Armstrong, que dijo que sabía ir. Así que, como ha ganado el Tour siete veces y está de vuelta de todo, le dijimos que fuera en cabeza guiando. Se hizo de noche y ahí seguíamos, encima de la bici. A las treinta y dos horas se paró. Miró para atrás y reconoció que no sabía dónde estábamos”, explicaba ayer el español Alberto Contador.

“Hemos estado dando vueltas a lo tonto desde entonces. Creo que estuvimos en Andorra hasta cuatro veces”, reconoce otro ciclista.

“Todo el mundo sabe cómo somos los hombres, y los ciclistas somos muy masculinos pese a llevar mallas apretadas y depilarnos las piernas”, explicaba José Joaquín Rojas. “Así que, antes de bajarnos de la bici y humillarnos delante de un desconocido reconociendo nuestra ignorancia, siempre preferimos tirar para adelante y que sea lo que dios quiera. Hemos tenido suerte y hemos llegado a Barcelona, que al menos es una ciudad española, bonita y, sobre todo, reconocible. Por lo menos ahora ya sabemos dónde estamos y podemos reconducir la ruta”.

El pelotón saldrá hoy en dirección a Montpellier para, una vez allí, recuperar el itinerario previsto. “Nos han dicho que tiremos todo recto y que cuando veamos los Pirineos vayamos para la derecha siguiendo la costa, que no tiene pérdida”, explicaba el suizo Fabian Cancellara, actual líder de la clasificación. “Y que si vemos el Vaticano pues será que nos hemos pasado”.

No es la primera vez que el Tour de Francia transcurre por tierras que no son galas. Hace tres años, los ciclistas llegaron al sur de Italia siguiendo a una ardilla que les retó a una carrera tras adelantarles.