La reina en una imagen de archivo.


Doña Sofía partió ayer de Santander rumbo a Londres a bordo de su torpedo para visitar el hospital en el que se encuentra ingresado su hermano Constantino de Grecia recuperándose de una reciente intervención en el corazón. Tras verle, aprovechó la ocasión para mostrar su apoyo a los niños ingresados en el área de disfunciones ideológicas, concretamente a las criaturas anarquistas.

“Son un encanto y aparentemente nadie diría que están enfermos. Luego, claro, lo notas en su actitud” apuntó la Reina.

El personal sanitario agradeció su gesto y consideró que las visitas de esta naturaleza son “extremadamente recomendables” en casos en los que fallan el sometimiento a la autoridad y la asunción de reglas. “Nadie mejor que la Realeza para hacerle entender a un niño anarquista que su actitud no lleva a ninguna parte” explicó el doctor Soros, aunque añadió también que “estas patologías tienen una raíz neurológica y poco se puede hacer, excepto esperar a que se encaprichen de algún juguete y asuman el capitalismo”.

Aunque tuvo que extremar precauciones porque un grupo de criaturas quería arrebatarle la ropa interior y usarla como estandarte, la suerte quiso que uno de los enfermos, Robert Y., de siete años, constatara el parecido de doña Sofía con E.T. el extraterrestre y se encaprichara de ella. “No entiendo por qué, pero me ha pedido que señale por la ventana hacia la Zarzuela y diga ‘teléfono mi casa’ y esas cosas que salen en la película. Me alegro porque esa fijación le ha permitido olvidar el anarquismo por un momento”.

Aprovechando que estaba distraída con el pequeño Robert, otros dos pacientes que habían improvisado una guillotina con el cajón de una mesita de noche intentaron abalanzarse sobre doña Sofía aunque, por suerte, los servicios de seguridad les detuvieron a tiempo. El resto del encuentro transcurrió tranquilo y sólo cuatro niños tuvieron que ser sedados porque no dejaban de silbar canciones de los Sex Pistols.