
David Segura cenó ayer con sus padres en un restaurante de Ponferrada y, cuando parecía que el ágape había llegado a su fin, declaró: “quiero otro”. El niño, que señalaba el limón helado que había engullido no sin cierto esfuerzo, fue instado a replantear su decisión pero se mostró firme y prometió comérselo todo. El escepticismo de la familia y de algunos camareros que observaban expectantes el proceso de negociación estaba plenamente justificado porque David, finalmente, dejó el segundo postre casi entero y, para evitar represalias, optó por hacerse el dormido.