A los taxistas, hartos de ver cómo la crisis económica les arrebata más del 20% de los ingresos, se les agotó la paciencia. Pese a que las tarifas ya subieron a principios de este año, el colectivo consideraba que sus servicios no estaban siendo bien pagados. “Coger un taxi es más que ir de un sitio a otro, también es una persona cualificada que desgrana la realidad ante cada cliente. Y es hora de que empecemos a cobrar por eso. Es como si el psicólogo cobrara sólo por dejar a la gente sentarse en su diván cuando lo esencial es quien escucha y aconseja” dice Luis Berbel, secretario general del Sindicato del Taxi de Cataluña.

Muchos taxistas indican sus referencias polÃticas y filosóficas para orientar al cliente.
Al contrario que en otras ciudades, en Barcelona los taxis se agrupan en tendencias y especializaciones ideológicas. “Cuando ganó Obama estuvimos todo el dÃa enviando servicios que querÃan preguntar un montón de cosas. Algunos ni siquiera le decÃan al taxista donde querÃan ir, les daba igual” dice la teleoperadora de una de las cooperativas especializadas en polÃtica internacional. “Lo que está claro es que no podemos seguir diciendo a la gente lo que harÃamos si fuéramos gobernantes por la cara. Nuestra cosmovisión tiene mucha enjundia. Y eso hay que pagarlo”, insiste Caro.
Muchos usuarios consideran que el suplemento es abusivo, no tanto por el precio del mismo, como por el hecho de que se cobra al finalizar la carrera y muchas veces sin haber informado previamente de las condiciones. “El tipo empezó a hablar de la crisis económica de los estados postcomunistas relacionándola con su carencia de referentes polÃticos tras la desaparición del muro” dice un cliente. “Yo le iba dando la razón pero sin escuchar demasiado. Al llegar a mi destino me cobró el suplemento de cinco euros. Si lo llego a saber le hago callar o le pregunto algo que me interesara de verdad”.
Creo que los camareros de barra también deberÃan cobrar ese plus.