Un estudio encargado por el Colegio de Periodistas de Madrid ha revelado que los lectores asiduos de los anuncios de contactos que publican muchos periódicos tienen más posibilidades de recurrir a la prostitución que quienes no los leen. El estudio asegura que las ganas de acostarse con prostitutas podrían surgir de las abundantes fotografías de mujeres que imperan en este tipo de anuncios, sumadas a la aparición recurrente de términos y expresiones como “anal”, “estudiante”, “cariñitos” o “pasarlo bien”. “Involuntariamente, el lector puede llegar a vincular todos estos conceptos formándose una imagen mental que incluya a una mujer desnuda queriendo practicar sexo a toda costa. De ahí a las ganas de hacer el amor con esa mujer o alguna que se le parezca hay un paso” explica Fernando González, presidente del Colegio de Periodistas. El descubrimiento ha hecho que salgan a la luz muchos casos de personas afectadas que querían ampliar su círculo de amistades y acabaron deseando otra cosa.

“Primero lees el anuncio por encima y te fijas en las aficiones de la persona, las comparas con las tuyas, buscas afinidades. Luego te das cuenta de que te da igual si le gustan los Beatles o no, lo que quieres es que se abra de piernas aunque ni siquiera hable español. Suena mal, impropio de alguien casado, maduro y con la vida montada, pero es exactamente eso lo que sientes” reconoce uno de los afectados totalmente adicto a la prostitución y que quiere mantenerse en el anonimato. Su esposa le apoya y pide soluciones: “uno lee el periódico para mantenerse informado, no para tener pulsiones degradantes. Mi marido es una persona encantadora y sensible que no se detendría ante una niña de diez años si llevara uniforme. Y mira que lee también los artículos de Rosa Montero, que vienen después de la sección de contactos, pero se empeña en que quiere mojar, como dice él. ‘Quiero mojar’, me dice. Y claro, qué le vas a hacer. ‘Pues moja, moja hasta que se te pase’, le digo yo. Cuando está necesitado realmente se le ve sufrir”.

Los responsables de los principales periódicos de tirada nacional coinciden a la hora de lamentar los efectos colaterales de los anuncios de contactos si bien declinan la posibilidad de retirarlos porque dejarían desatendidos a quienes buscan establecer relaciones meramente profesionales o de amistad. “Esto es como si alguien lee las esquelas y quiere morirse. No podemos censurar ciertas cosas si con ello caemos en la sobreprotección del lector” argumenta Javier Moreno, director de El País.

El problema no sólo afecta a los lectores. Yessica y Mayra, dos estudiantes novatas que acababan de comprar un jacuzzi, necesitaban a alguien experto que las ayudara a ponerlo en marcha y decidieron buscar ayuda anunciándose en El Mundo. “Vino un señor gordo, muy simpático al principio, que al final resultó que no sabía nada de jacuzzis ni de hidroterapia. Nos pedía que nos desnudáramos y yo le decía: ‘pero a ver, si nos desnudamos, llenamos la bañera de agua y luego resulta que no sabemos cómo activar las burbujas, habremos perdido el tiempo’. Pero él ni caso, yo creo que simplemente no tenía ni idea de grifería ni de nada por mucho que quisiera ayudar” explica Yessica.

Antonio Ortiz, aficionado a las manualidades, fabrica griegos de papel maché desde hace quince años. “Hago de todo, desde figuras de Sócrates, Platón, incluso de Pitágoras recreando un poco y basándome en las descripciones de Diógenes Laercio. Pero incluso hago griegos actuales, lo que se me pida. Y disfruto cuando la gente me ayuda, me gusta que me vean trabajar y me digan ‘por aquí vas bien’ o ‘yo lo haría mejor de esta otra manera’. Puse un anuncio en el diario porque mi familia ya está cansada de los griegos de papel maché, quería encontrar a gente interesada. Y se presentaron muchos hombres que querían penetrarme analmente, a mí o a las figuras, les daba un poco lo mismo. Sigo sin entender nada, francamente”.