"SEGUIREMOS EN LUCHA COMO MÃNIMO HASTA EL SIGLO XVIIICXXIIIVVII"

Celebraban justas medievales en un lavabo de caballeros

Don Ricardo y don Gumersindo, acérrimos admiradores de Suero de Quiñones -mítico combatiente que controlaba el paso del río Órbigo a mediados del siglo XV-, decidieron batirse en duelo ayer por la tarde dolidos como estaban a causa del desamor de una doncella a la que ambos pretenden pero que finalmente les ha abandonado lanzándose en brazos de un comercial de El Corte Inglés. “Queremos demostrarle a doña Loli que nuestra valentía enciende mares y hasta supera la fuerza de Internet”. Eligieron un aseo para caballeros “porque es eso y no otra cosa lo que somos”.

Don Gumersindo posa con orgullo en el lugar de los hechos.

Don Gumersindo posa con orgullo en el lugar de los hechos.

Según la Policía, Ricardo y Gumersindo llevaban practicando justas medievales en el aseo del sexto piso de El Corte Inglés de Nuevos Ministerios desde hacía como mínimo dos meses. El hecho de que no sea una planta demasiado concurrida evitó que sus duelos llamaran la atención de clientes y trabajadores. Sin embargo, enfervecido ayer por el brío de la cruenta batalla, don Gumersindo -en un claro gesto de descortesía y bordeando el límite de lo admisible en un enfrentamiento de tales características- echó mano del secador de manos para atolondrar a su aguerrido contrincante, que a pesar de todo disculpa el arrebato disonante porque “tuve ocasión de demostrar que mis reflejos y mi ligereza son propios de una esquiva y veloz fierecilla del bosque”. El caso es que el secador -de aluminio, con sensor y una potencia nada desdeñable- impactó contra el cristal del lavabo, otrora limpio como una patena, que estalló a pedazos y dejó la fría y pulcra estancia hecha unos zorros. 

“Les veía entrar cada tarde vestidos como señores de los anillos, por eso pensaba que iban a la sección de tebeos y nunca sospeché que montaran peleas en el váter. He visto hacer de todo en los lavabos, pero nunca palizas así a lo antiguo” declara sorprendido un agente de seguridad del comercio. Las autoridades desconocen qué pena se les puede imputar puesto que practicar torneos en un aseo para caballeros es una ilegalidad no tipificada hasta el momento y, como nunca hubo testimonios -doña Loli, que ejerce de tendera en la sección de papelería del establecimiento, siempre se negó a presenciar las anacrónicas atrocidades de sus pretendientes-, no procedería acudir a la alteración del orden público. Ambos caballeros se ofrecen, eso sí, a costear los desperfectos provocados por la salida de tono de don Gumersindo, ya sea en euros o en especies.

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