Gerardo Monteras se pintó con maquillaje un ceda el paso en la cara antes de salir de su casa el pasado enero. En la media hora que estuvo en la calle provocó múltiples colisiones y fue detenido. Según declara su abogado, Monteras sólo pretendÃa “que las mujeres dejaran de colársele en la pescaderÃa y que los jóvenes le cedieran el asiento en el autobús”, pero muchos creen que el caos que provocó fue deliberado. Cierto o no, cuando he conseguido llegar al restaurante tras hora y media de atascos le he reconocido al instante, pues luce de nuevo la señal pintada en su rostro.

Foto policial de Gerardo Monteras.
“Sé que me volverán a detener, pero no me importa. No hay nada malo en maquillarse como uno quiera, las mujeres lo hacen todo el tiempo” explica antes de que pueda preguntarle nada. Y es que este fontanero jubilado de 66 años se conduce de manera decidida. “Venga hombre, que yo te ayudo” dice animándome a pedir una botella de vino. “He estado cediendo toda mi vida, cuando era un chaval siempre me pedÃan dinero para el almuerzo o lo que fuera y yo nunca les pedÃa nada. Luego, con mi mujer ya fue un festival” confiesa entre risas. “Siempre tenÃa que ceder yo: fuimos de vacaciones todos los años a la playa, mi suegra se vino a vivir con nosotros, pintamos el comedor de color rosa… Asà que cuando se murió pensé que ya estaba bien de ceder, ahora os tocaba a los demás”. Pese al ánimo inicial, cuando llega el primer plato las lágrimas ya le han corrido el maquillaje, aunque se esfuerza por seguir sonriendo. “Tal y como ha sido mi vida, pintarme la cara asà era inevitable y ahora se supone que soy un delincuente. ¡Venga, hombre!”.
“Llevar un ceda el paso en la cara es un poco extremo, ya lo sé. Pero para mà esto es como lo del DÃa del Orgullo Gay, que el resto del año son maricones pero discretos. Pues yo lo mismo, llevando esta señal en la cara demuestro que estoy orgulloso de ser Gerardo Monteras y que más vale que me dejes pasar”. Le pregunto si funciona y, según dice, desde que sale asà a la calle hacer la compra se ha convertido en un paseo. “Llegará un dÃa en el que todos los viejos llevaremos un ceda pintado en la cara y se nos tratará como merecemos. ¿O acaso crees que en este restaurante le dan a uno mesa sin reservar? Cuando he llegado yo han hecho levantar a la familia que estaba sentada aquÔ.
A pesar del evidente mal uso que Gerardo está haciendo de sus “poderes”, él insiste en que tiene todo el derecho a llevar la cara pintada. “SÃ, a veces me quedo parado en un cruce y los conductores empiezan a tener problemas y se confunden. Pero no pretenderán que me quede encerrado en casa” dice mientras sorbe ruidosamente el café. Un café que, por cierto, el camarero iba a servirle a nuestro vecino de mesa, pero Gerardo ha tosido, le ha mirado un par de segundos y finalmente se ha quedado con él.
- Ensalada Napoleón.
- Tomates rellenos de atún.
- Bistec con patatas.
- Lentejas estofadas con chorizo.
- Vino de la casa.
Total: 53€.