"Voume a comer un percebe grande así".
“Ha sido una etapa muy bonita, no digo que no, pero era duro tener que poner ese acento tan gaditano siempre… A veces la gente no me entendía y la tentación de responder sin usar dejes andaluces ni expresiones como ‘pisha’ o ‘cohone’ era muy grande. Pero claro, me veía obligado a mantener mi estatus de Presidente de la Junta de Andalucía, va con el cargo” explicaba Manuel Chaves ayer por la tarde. “Yo creo que, más que los andaluces, los primeros sorprendidos por mi auténtica forma de hablar serán los imitadores del guiñol”. Y es que el flamante vicepresidente tercero jamás permitió que sus raíces foráneas le impidieran llegar al electorado andaluz, como ha pasado por ejemplo con José Montilla, que no ha terminado nunca de convencer con su impostada catalanidad.

Cuando a las doce del mediodía se supo que había dimitido, algunos periodistas preguntaron a Chaves si su gesto tenía algo que ver con los rumores de remodelación del gobierno, a lo que contestó, con perfecto acento gallego: “agora xa está”, dejando helados y con el micro en la mano a los reporteros, que desconocían que Chaves no fuera andaluz. 

“Los andaluces son riquiños” decía la mujer de Chaves ayer. “Tras veinte años desayunando manteca ‘colorá’, yendo a procesiones de Semana Santa y hablando a gritos en los patios de vecinos, pues se acostumbra una a este estilo de vida… Pero la morriña empezaba a ser insoportable. Yo le decía: ‘Manuelinho, Galiza é nosa terra, é humida pero é fermosa’ y veía que a él se le humedecían los ojos. Lo que pasa es que nuestros filhos, claro, se sienten muy andaluces y… bueno, ya veremos”. Al parecer, Chaves ha adquirido ya un pazo en Mondoñedo, provincia de Lugo, tierra que le vio nacer.