Un aparatoso y espectacular accidente tuvo lugar ayer por la tarde en el kilómetro 25 de la A-4 (provincia de Madrid). Por causas que se desconocen, un autobús escolar en el que viajaban 42 niños se llevó por delante cinco turismos, la marquesina de una gasolinera y, tras pasar por el túnel de lavado, avanzó un kilómetro en dirección contraria hasta quedar finalmente estacionado. Pese a la tremenda explosión de los surtidores de gasolina (la bola de fuego pudo verse desde varios kilómetros atrás), no hay que lamentar heridos. Los niños no sólo han resultado ilesos sino que piden insistentemente al conductor que lo repita.
“Es necesario hacer ver a estos niños de tan corta edad que lo que les ha pasado es realmente grave” comenta Jacinta García, psicóloga infantil. “En el accidente se han visto implicadas muchas personas que están vivas de milagro. El hecho de que crean que esto es un divertimento y que, incluso, quieran repetir, nos muestra una respuesta emocional distorsionada”. Mientras la psicóloga declara ante los medios, unos niños a lo lejos intentan arrojarse unos a otros al fuego. “¡Sacadles de allí!” grita un agente de la Guardia Civil. “No me toques, melón, que soy de Lavapiés” replica una de las criaturas. “Es imprescindible hacerles entender que lo de hoy ha sido una situación de intenso peligro” insiste Jacinta García. “Es probable que la única manera de hacerles reaccionar sea, efectivamente, repetir el accidente tal y como piden. Pero esta vez con heridos, al menos con alguna contusión. Estamos convenciendo a los padres para que firmen la autorización. El apoyo de los pequeños ya lo tenemos”.